Harav Yitzchak Ginsburgh

martes, 9 de agosto de 2011

Uniendo los Cuatro Elementos en el Alma


Los dos elementos fuego y agua se unen en el Templo. Los dos elementos aire y tierra se unen en la Tierra de Israel.
En el Templo ofrecemos sacrificios a Dios. Los sacrificios ascienden en llamas en el altar. La Torá llama “fuegos” a los sacrificios. Cuando ofrecemos un sacrificio, nos percibimos ardiendo y siendo consumidos por Dios (a los sacrificios también se les conoce como el “pan” de Dios). Experimentamos amar a Dios con todas nuestras fuerzas, no sólo estar listos para entregar nuestra vida por Dios (si así Él lo desease) sino la de ser de hecho consumidos por Él, transformándonos en una parte de Su esencia (tal como el alimento se vuelve parte del cuerpo) – el más alto nivel del amor por Dios.
El servicio del Templo alcanza su ápice en la festividad de Sucot, “el tiempo de nuestra alegría”. Sacrificios son ofrecidos en abundancia, incluyendo 70 vacas, una por cada nación de la tierra (haciendo de Sucot una festividad universal). Sin embargo, la alegría de Sucot no llega a su punto máximo con el sacrificio de los animales en el altar, sino al verter aguas vivas (es decir, de manantial) en el altar. Se dice de estas aguas que son atraídas con alegría de “los manantiales de de la salvación.”
En el Templo del futuro (descripto por Iejezkel, que contemplamos y por el cual rezamos y meditamos todos los días) una pequeña fuente de agua mana desde el Santo de los Santos. A medida que pasa a través de los límites del Templo y sale del Monte del Templo crece más ancha y profunda hasta que se convierte en un caudaloso río que desemboca en el mar y endulza todas las aguas sobre la tierra, trayendo salud y prosperidad a toda la humanidad.
En el lenguaje de Jasidut, el fuego del Templo es la experiencia de que “Dios es todo” (no hay nada más que Dios, no existe nada más que Él), mientras que el agua del Templo es la experiencia de que “todo es Dios” (toda la realidad es Divina en esencia, y si “todo es Dios,” entonces todo es bueno y dulce –ya no existen aguas amargas sobre la faz de la tierra).
De la Tierra de Israel está dicho: “El aire de la Tierra de Israel nos hace sabios”. El aire de Israel es propicio para que nos volvamos sabios en la sabiduría de la Torá, como está dicho “no hay Torá, como la Torá de la Tierra de Israel”. La sabiduría es penetrar en las profundidades de la realidad (los secretos de la creación) y un sentido profundo de la intuición de la causa y el efecto en nuestra vida.
La tierra de la Tierra de Israel es sagrada. Los sabios preguntan: “¿Por qué se la llamó ‘tierra’ [ארץ, eretz]?” Ellos responden: “Porque deseó [רצתה, ratztá] hacer la voluntad [רצון, ratzón] de su Creador”. La “Tierra” fuera de Israel también alude a la “voluntad”, pero una voluntad que no está alineada esencialmente con la voluntad de Dios, como lo está la voluntad innata de la Tierra de Israel.
 Y así, el aire de Israel es la fuente de la sabiduría, mientras que la tierra de Israel es la fuente de la voluntad rectificada. La voluntad y la sabiduría son las dos propiedades más fundamentales del alma (que corresponden a las primeras dos sefirot). La Tierra de Israel nutre a ambas, como una madre amamanta a su hijo. En contraste, la experiencia en el Templo es experimentar realmente de forma “madura” a Dios Mismo (más allá de la rectificación de nuestra propia alma).
“Crecemos” en la Tierra de Israel, respirando su aire y pisando su tierra, y luego llegamos al Templo para ver a Dios (fuego) y ser vistos por Él (agua).

lunes, 8 de agosto de 2011

Tres Razones Para Honrar A Tus Padres


El nombre de este mes, Av, significa “padre”. Este es el mes para conectarse con nuestros padres (padre y madre) y honrarlos.

“Honrar a tu padre y a tu madre...” es el quinto de los Diez Mandamientos. Los sabios enseñan que Dios ha puesto el honor de nuestros padres antes incluso de Su propio honor.
¿Por qué honrar a nuestros padres es una mitzvá tan grande? Se dan tres razones:
1. Han hecho tanto por mí.... Sin ellos no estaríamos aquí, por no mencionar el interminable esfuerzo e inversión de recursos que pusieron en mi formación.
2. Honrar a mis padres es reconocer, fortalecer y arraigar profundamente en mi conciencia la tradición judía que me heredaron, ya que esta tradición desciende y se desarrolla de generación en generación.
3. Honrar a mis padres es en esencia honrar a Dios, porque Su Luz Infinita –el poder de la procreación– se invistió en ellos cuando me concibieron. Ellos reflejan para mí la presencia del Creador Todopoderoso.
En el Zohar encontramos que “Israel, la Torá, y el Santo bendito sea Él son uno”. Las tres razones para honrar a los padres, según el orden anterior, corresponde a Israel, la Torá, y Dios, respectivamente.
La primera razón es que mis padres merecen que los honre de la misma manera que cualquier persona que me haya brindado bondad y amor. Al honrar a mis padres les expreso mi más sincero agradecimiento. Ellos representan para mí el ideal de la devoción de un alma por la otra. Y consecuentemente reflejan en mi conciencia la esencia de mi pueblo, Israel, de quien se dice, “Todo Israel son amigos”. En este sentido, honrar a mis padres es honrar a Israel, el pueblo al que pertenecen. De acuerdo con esta razón, la mitzvá de honrar a los padres es una mitzvá “entre hombre y hombre”.
La segunda razón corresponde claramente a la Torá. De acuerdo a esta, veo a mis padres como un enlace (el enlace más próximo a mí) en la cadena de la tradición de la Torá desde nuestros patriarcas, Abraham, Itzjak y Iaakov, hasta el presente. En hebreo las palabras “padre” (הורה, horé) y Torá (תורה) son afines. Un padre de familia es, pues, aquel que me entrega la Torá.
La tercera razón corresponde a Dios, quien invistió Su Luz Infinita en mis padres cuando me concibieron y todavía puede ser vista como presente en ellos. De acuerdo a esto, la mitzvá de honrar a los padres es una mitzvá “entre el hombre y Dios”. Veo a mis padres y veo la Divinidad reflejada en ellos. Y así, al honrar a mis padres en el plano físico, en cierto sentido adoro a mi Creador, mi Padre Celestial, en el plano espiritual. Sólo un alma judía es capaz de hacer esta distinción, sin caer en lo que podría ser equivalente a la idolatría, adorar a nuestros padres físicos, Dios lo prohíba. Es por eso que, según esta opinión, honrar a nuestros padres no es uno de los siete mandamientos para los hijos de Noaj otorgados a toda la humanidad, aunque sin duda es uno de los atributos más loables de cualquier ser humano. De hecho, los sabios traen el mejor ejemplo de honrar a los padres en la historia de Dama ben Natina, un no-judío (pero que al final tomó una piedra de la tumba de su padre y la erigió como un ídolo).

lunes, 1 de agosto de 2011

¿Si No Puedes Verlo No está Allí?

Una importante regla talmúdica dice: “’No lo vimos’ no prueba [que no existe o que no sucedió]”.
En hebreo, “vista” (רְאִיָה, reiá) y “prueba” (רְאָיָה, reaiá) – ambos de la raíz “ver” (ראה) – se escriben igual pero se vocalizan de manera diferente.
Cuando dos testigos calificados (casher) ven un evento y lo atestiguan en la corte, sirve como prueba suficiente de que el evento en verdad ocurrió. Pero como regla, si testifican “no vimos” –por ejemplo, que la vecina a quien vemos a diario se casó– no sirve como prueba de que no ocurrió.
La razón detrás de esta regla es que no todo lo que existe y sucede (incluso a nivel macroscópico) es legible y necesariamente visible para el ojo humano. Tal vez la chica se casó, pero en privado, en secreto.
La extensión de esta regla nos enseña que existe un mundo oculto (עלמא דאתכסיא, alma ditkasia) detrás del mundo revelado (עלמא דאתגליא, alma ditgalia) en el que vivimos y que vemos.
Por lo tanto podemos concluir que la vista y la prueba son iguales sólo en una dirección: Ver algo es una prueba de su existencia, pero no verlo no es una prueba de su inexistencia.
Pero uno puede argumentar que esto no es muy satisfactorio. Si las dos palabras son la misma en hebreo, el lenguaje de la creación, consecuentemente, en algún plano la vista debe ser una condición necesaria (es decir, un antecedente cuya negación supone la negación de la consecuencia) como prueba de la existencia. En otras palabras, en ese plano, si no ves algo es una prueba de que no existe!
Este es por cierto el ideal del futuro, el nivel de la visión (de todo) que alcanzaremos en el tercer Templo eterno, donde llegaremos a ver y seremos vistos por Dios (que es uno y todo). Acercarse a este ideal –reconstruir en nuestra conciencia del Templo Sagrado– es el servicio espiritual del mes de Tamuz, el mes asociado en Cabalá con el sentido de la vista.

lunes, 25 de julio de 2011

El Ojo De La Mente, El Ojo Del Corazón

Tanto la mente como el corazón poseen un “ojo interior”. En Shabat, el ojo interior de la mente se abre para ver la Divinidad en meditación contemplativa. En el Templo el ojo interior del corazón se abre para ver a la Divinidad en la oración sincera.
El verso dice: “Y harán para Mí un santuario y Yo moraré dentro de ellos”. Y los sabios lo interpretan: “no dice ‘en dentro suyo’ (implicando que la Presencia Divina morará solamente en el interior del santuario físico) sino que ‘dentro de ellos’ –en el punto más interno del corazón de cada judío”.
Aunque está prohibido para el no-judío observar (cumplir todas las leyes de) Shabat, el Templo intenta ser “una casa de oración para todas las naciones”. Cuando un no-judío llega al Templo Sagrado de Ierushalaim a volcar su corazón al Dios de Israel en oración, experimenta la Presencia Divina que reside en el Templo. La increíble experiencia de entrar en el santuario de Dios llevó a muchos no-judíos (incluso aquellos que sólo vinieron a ‘hacer una visita’ al Templo judío) a convertirse al judaísmo.
El tiempo del exilio posterior a la destrucción del Templo físico (debido a nuestros pecados), es una época en que “ya no vemos nuestras señales [de Divinidad revelada]”. En el Cantar de los Cantares está descripto como un tiempo en que “Yo estoy dormido, pero mi corazón está despierto”. En el sueño los ojos se cierran, y lo mismo ocurre durante el exilio, el ojo interior del corazón se cierra en el plano consciente del alma (“estoy dormido”), no obstante queda abierto y despierto en el plano inconsciente (“sin embargo, mi corazón está despierto”). La experiencia inconsciente del ojo interior del corazón es lo que nos inspira y motiva, mientras permanecemos en exilio, a dedicar nuestras vidas a la Torá y las buenas acciones.
En Cabalá, el Shabat es sabiduría (que correspondiente a la iud del Nombre esencial de Dios), y “la sabiduría es la (experiencia primaria de la) mente”. El Templo es entendimiento (que corresponde a la primera hei de Havaiá), y “el entendimiento [permea] el [la experiencia del] corazón”. La sabiduría está por encima del tiempo, y de igual manera el Shabat se queda con nosotros para la eternidad (porque la esencia de la mente y la experiencia de su ojo interno son inmutables). Ahora el lugar del Templo visible (el entendimiento se asocia con “lugar”) está desolado (los juicios severos son manifestaciones del entendimiento, no de la sabiduría y  de la experiencia del corazón y las facultades de su ojo interno, a veces reveladas y a veces ocultas), pero pronto será reconstruido con la llegada del Mashíaj. Entonces atestiguaremos la Divinidad con el ojo interior de nuestro corazón a un nivel superior y más esencial del que puede ser presenciado por el  ojo interior de la mente.

domingo, 24 de julio de 2011

El Temor del Templo

“Guarda Mis días de Shabat y siente temor de Mi Templo.” ¿Qué tienen en común el Shabat y el Templo? Ambos se relacionan con el sentido de la vista.
El verso “Observa Mis días de Shabat y siente temor de Mi Templo, Yo Soy Dios” (את שבתתי תשמרו ומקדשי תיראו אני הוי) aparece de manera idéntica en dos ocasiones en la Torá. Las letras iniciales de las 7 palabras del verso (א ש ת ו ת א י) equivalen a 1118 = “Oye, Israel, Havaiá es nuestro Dios Havaiá es Uno” (שמע ישראל הוי ‘אלהינו הוי’ אחד), nuestra declaración de fe que se nos ordena repetir dos veces al día –mañana y tarde, ya sea en un estado (físico y psicológico) de luz o en un estado de oscuridad. 1118 es el mínimo común múltiplo de 26, Havaiá, y 86, Elokim, los dos Nombres de Dios (el primero corresponde a Su trascendencia y el segundo a Su inmanencia) que unimos en el Shemá. El resto de las letras del verso (ת בתתי שמרו מקדשי יראו ני הוה) equivalen a 2505 = 15 (el Nombre de Dios, Kah, י-ה) veces 167, el valor de “Havaiá es nuestro Dios Havaiá es Uno” (הוי ‘אלהינו הוי’ אחד).
En Jasidut se nos enseña a meditar que la primera palabra del Shemá: “Escucha (Israel…)” ([שמע [ישראל…) se refiere a la frase de Isaías: “Alzad vuestros ojos, (y ved a quien los ha creado)” ([שאו מרום עיניכם [וראו מי ברא אלה). Al hacer esto llevamos el sentido de la vista al sentido del oído (entendimiento).
Explicamos anteriormente la relación de Shabat con la vista. En cada uno de las tres festividades anuales se nos ordena venir al Templo Sagrado para poder ser visto por Dios y que Lo veamos a Él, por así decirlo. Este es uno de los 613 mandamientos de la Torá, el mandamiento de “ver” (מצות ראיה). El temor reverencial del Templo es el temor de la experiencia de atestiguar directamente la Divinidad y sentirnos ser vistos a nosotros mismos por Su misma esencia.
Ahora tomemos cada tercera letra en el versículo anterior:
את שבתתי תשמרו ומקדשי תיראו אני י – ה – ו – ה
Las últimas cuatro de las diez letras enfatizadas deletrean la palabra “vista” (ראיה), a partir de la reish de “temer” (nótese que “temer” y “visión” se derivan de la misma sub-raíz de dos letras, resh alef, רא) y concluyendo con la primera letra y la última de la palabra final del verso, el Nombre esencial de Dios, Havaiá. La guematria de las diez letras enfatizadas, 1332, es la del verso que precede a los Diez Mandamientos, cuando experimentamos la unión de los dos sentidos de la vista y el oído (“Y todo el pueblo vio las voces”, וכל העם ראים את הקולת): “Y dijo Dios todas estas cosas que diciendo” (וידבר א-להים את כל הדברים האלה לאמר).

Observando el Shabat

El Shabat en relación al resto de los días de la semana es como la vista al oído. Durante toda la semana las vibraciones Divinas llenan mi corazón, en Shabat, veo la Divinidad.
En el Zohar aprendemos que la palabra “Shabat” (שבת), representa el secreto de los ojos. Los tres brazos de la primera letra, shin (ש), aluden a los tres patriarcas y a los tres colores asociados con sus atributos espirituales (bondad, poder y belleza) que aparece en los ojos –la parte blanca del ojo (לבן), las venas rojas que se pueden ver en “mar” blanco del ojo (אדום), y el color de ojos de la persona (al que se llama genéricamente “amarillo verdoso” ירוק). Las letras bet y tav de Shabat deletrean la palabra “bat”, que literalmente significa “hija” (que corresponde en la Cabalá a lasefirá del reinado, personificado por el Rey David, la cuarta “rueda” de la Carroza Divina, simbolizada aquí por los cuatro colores de los ojos), se refiere a la pupila negra (שחור, shajor) del ojo (בת עין, bat ain).

Los valores numéricos de los cuatro colores presentes en el ojo (a los que se alude en la palabra Shabat), la Carroza Divina de los ojos (revelado en el día de Shabat) –blanco (לבן, 82, laván), rojo (אדום,51, adom), amarillo verdoso (ירוק, 316, iarok), negro (שחור, 514, shajor) – añadir a 963, la guematria de la frase en la que “la vista” aparece por primera vez en la Torá: “Y Dios vio que la luz era buena” ( וירא אלהים את האור כי טוב, Vaiar Elokim et haor ki tov).
Después del pecado original, Adam y Java escucharon “la voz de Dios,” caminando por el jardín. Escucharon a Dios que les hablaba y Le contestaron. Esta es la conciencia de “oir”, la altura de nuestra conciencia de la Divinidad (Dios y Su Divina Providencia) es nuestra vida posterior al pecado original, la conciencia de los días de la semana, los días de trabajo (“Con el sudor de tu frente…”).
Pero en Shabat regresamos al estado prístino de la conciencia de Dios como lo era antes del pecado original (y que será universal en el futuro). En la terminología de la Cabalá, entre semana nuestra conciencia está en el nivel de comprensión (“escuchar” en hebreo también significa “entendimiento”), mientras que en Shabat nuestra conciencia se eleva al nivel de la sabiduría (visión directa de los misterios de la creación ocultos en de la realidad, y en el “misterio de misterios,” el Creador de la realidad, la Realidad verdadera y absoluta).
Entre semana todo lo que nos pasa, todo lo que vemos y oímos, nos “habla” de Dios y Su Providencia. En Shabat no se nos tiene que hablar de Dios, Lo experimentamos directamente.
Existen dos excepciones de esta distinción entre Shabat y los días de semana, cuando elevamos dos veces la conciencia de Shabat durante el tiempo mundano de la semana. El Arizal enseña que nuestra conciencia durante el rezo, todos los días de la semana tres veces al día, está al nivel de Shabat. Los momentos de rezo, cuando nos volvemos hacia Dios y nos dirigimos de Él directamente, son Shabat puesto que su luz brilla y permea la semana.
También, en el Zohar se llama Shabat al verdadero erudito en la Torá. Constantemente en comunión con Dios mediante Su Torá (que es una con Él) experimenta la conciencia del Shabat toda la semana.

viernes, 22 de julio de 2011

Una Vista Aguda No Es Necesariamente Una Buena Vista

La Torá enumera los nombres de las aves no casher. Una de ellas es el reá, literalmente “el vidente”. Los sabios explican: Desde Babilonia puede ver un cadáver en la Tierra de Israel.
Babilonia (בבל, Bavel) significa “confusión” (בלבול, bilvul). Allí Dios confundió las lenguas de los constructores de la Torre de Babel. El Baal Shem Tov explica que Babilonia representa la mentalidad o una forma de pensar en estado de confusión. A menudo Babilonia simboliza la totalidad de la Diáspora, donde el alma judía, exiliada de su patria (a causa de sus pecados), reside en un estado de confusión, entre 70 mentalidades no judías existencialmente confundidas (no kosher), las 70 naciones que oprimen al pueblo judío. La guematria de “confusión”, בלבול, bilbul, es 70.
El Baal Shem Tov continua explicando que un alma confundida que se encuentra en Babilonia puede tener perfectamente una vista extremadamente aguda (el sentido del mes de Tamuz). Puede ser capaz de ver desde una gran distancia un cadáver (una presa potencial) en la Tierra de Israel.
La Tierra de Israel es llamada “la tierra del viviente”, la tierra de las almas justas llamadas “vivientes”. El reá impuro, el “vidente”, ve faltas y defectos en el carácter y comportamiento de los justos desde una gran distancia (ve sus “cadáveres”, por así decirlo).
Un verdadero tzadik (el justo) es como un espejo, quien lo mira está viendo un reflejo de sí mismo. Los sabios dicen que hubo aquellos que sospecharon que Moshé cometió adulterio con sus esposas. Ellos mismos eran adúlteros (en pensamiento o acción) y se vieron a sí mismos reflejados en Moshé, al alma todo incluyente o general del pueblo judío.
Un sentido agudo de la vista no es necesariamente un sentido de la vista rectificado. A menudo sucede lo opuesto. Bilam poseía el sentido de la vista más agudo, que por cierto fue el “mal ojo” más potente (la antítesis del “buen ojo“ de Abraham”; los sabios contrastan a los dos en la Ética de los Padres).
Tamuz es el mes en que las almas confundidas son las más críticas hacia los justos de la generación (quienes maldicen no reconocen ni aceptan que están confundidos). El verdadero tzadik, como dijimos, es un espejo. Es un alma general. Cuando vemos nuestras propias faltas al mirarlo, en su humildad también se mira severamente a sí mismo (como Moshé, el más humilde de los hombres) para encontrar una sutil raíz de nuestras faltas dentro suyo, y así establecer una afinidad con nosotros (y ayudarnos a rectificarnos rectificando el origen de la falta primero dentro de él mismo). Su propio auto sacrificio está inspirado y dirigido por su infinito amor por Israel. Y así dulcifica la esencia del ojo izquierdo (crítico), incluyendo la izquierda en la derecha.

lunes, 11 de julio de 2011

Ver la Belleza Interior

En hebreo, la expresión "ver el rostro de alguien" puede significar calmarlo o luchar contra él.

Después de ganar la lucha con el arcángel de Eisav, Iaakov dice "Pues he visto al ángel de Dios cara a cara y mi alma ha sido salvada". Muchos de los comentarios tradicionales explican que el ver cara a cara a alguien, en este contexto, significa involucrarse en combate físico. (Este significado de la expresión "ver el rostro" está explícito en otro lugar en la Biblia donde el rey de Iehudá invita al rey de Israel a verse cara a cara, es decir, hacer la guerra.) Más tarde, cuando Iaakov se encuentra con Esisav le dice: "pues he visto tu rostro como el rostro de un ángel de Dios y me has deseado". Rashi en su comentario a este versículo alude al significado de la expresión como hacer la guerra, mientras que explícitamente se está diciendo con el significado de apaciguar.

Nuestro sentido de la vista es nuestra capacidad de evaluar una situación, ver lo que está frente a nosotros. Es nuestra capacidad de discernir entre el amigo y el enemigo. Mediante el poder del amor proyectado por nuestro ojo derecho apaciguamos a aquellos que hemos ofendido y restablecemos nuestros lazos de hermandad con ellos. Mediante el poder de la fuerza proyectada por nuestro ojo izquierdo, expresamos nuestra determinación de defender y vivir según los preceptos de nuestra fe y luchar contra los enemigos de la verdad y la justicia.

Los ojos rectificados no sólo ven la realidad superficial que se presenta delante de ellos, sino que penetran la esencia interior de lo que observan. “Rostro” en hebreo significa “interioridad”. Ver el rostro de alguien es ver la realidad espiritual que hay en su interior.

Tamuz, el mes de la vista, es el mes apropiado para buscar y hacer nuevos amigos, así como para luchar y salir victorioso sobre los enemigos espirituales, comenzando con nuestra propia inclinación al mal (que pone sus ojos –proyecta sus energías impuras – para destruir nuestro Templo espiritual).

Tamuz es el mes para enamorarse (a primera vista) de la verdadera belleza, expresada con el atuendo de la modestia, y rechazar la belleza falsa, la belleza indecente. En el libro de Proverbios la mujer realmente hermosa simboliza la sabiduría de la Torá. Tamuz es el mes para encontrarla y enamorarse de ella.

Visión Perfecta

Cada mes del año está asociado con un sentido. El sentido del mes de Tamuz es la vista.
La rectificación de la vista (en el plano espiritual, que se manifiesta en el plano físico como una buena mirada) comprende dos polos complementarios: ver la providencia Divina en nuestras vidas y ver lo bueno en los demás.
“Yo veré a Dios [en la tierra de la vida]” ([אראה יה [בארץ החיים, eré Kiá beeretz hajaim) se interpreta como que expresaré mi agradecimiento a Dios por Su providencia sobre mí.
Providencia (en contraste con lo que aparenta ser puro azar y casualidad determinística) a menudo se alude con el término “sincronismo”. En nuestra vida suceden muchas más cosas que las que capta el ojo (externo). Alguien se ivnvolucra desde el exterior, y si alguiense involucra entonces alguien se está ocupando, y ese alguien es Dios. El cuida de nuestro bienestar tanto físico como espiritual. Siempre está obrando milagros en nuestras vidas, que en su mayor parte no vemos. Tamuz es el mes para comenzar a ver.
Todo ser humano tiene dentro de sí lo bueno y lo malo. Tamuz es el mes para alimentar nuestro sentido interior de concentrarnos sólamente en lo bueno que hay en el otro (se dice de Dios que aunque ve nuestra iniquidad no se concentra en ella, sino más bien en lo bueno que tenemos. Debemos aprender de Dios). A esto se le llama tener un “buen ojo” (que es la fuente de recibir la bendición y de bendecir a los demás). Cuanto más observamos lo bueno en los demás (y no lo malo) estamos revelando en ellos su bondad latente.
Se dice que Dios nos creó con dos ojos, uno para ver el bien en los demás (con el ojo derecho) y ser críticos con nosotros mismos para ver qué hace falta rectificar (con el ojo izquierdo). Este es un necesario estado de equilibrio, porque sin reconocer lo malo en nosotros mismos no podemos apreciar el bien en los demás.
Con respecto a la Divina Providencia también necesitamos dos ojos, uno (el ojo derecho) para ver las maravillas reveladas que Dios hace con nosotros, y otro (el izquierdo) para ver que  aquellas cosas que nos suceden y no parecen buenas también son para nuestro bien eterno (en realidad derivan de un nivel de bondad superior que el de las maravillas reveladas).
Nuestra fe de que todo lo que nos sucede es por nuestro bien eterno (porque todo proviene de Dios quien es la esencia del bien) transforma lo aparentemente malo en una bondad revelada. Al final ambos ojos se vuelven uno. En Cabalá, este fenómeno se llama haber llegado al nivel de “el Anciano” (עתיקא, atika) de quien está dicho “no hay izquierda en el Anciano, todo [derecha e izquierda, a medida que van evolucionando en los niveles inferiores] son derecha.” Lo que ahora aparece como malo se manifiesta como el mayor bien, “todo es derecho”.
Y así es también respecto a cómo nos observamos a nosotros y a los demás. En definitiva, todo se vuelve derecho, al rectificar nuestro mal ya no necesitamos mirarnos a nosotros mismos para nada. Sólo vemos lo bueno en todo (el ojo derecho), incluyendo a nosotros mismos como una parte inseparable de todo (el ojo izquierdo), porque todo refleja a Dios, el Creador.

jueves, 9 de junio de 2011

La Cabalá y el Arte de Atarse los Zapatos

Primero ponte el zapato derecho, después el zapato izquierdo, luego ata el zapato izquierdo, y finalmente, ata el zapato derecho. Esa es la manera en que los judíos lo hacen. 

La Torá nos fue otorgada para santificar lo mundano.
Los zapatos nos permiten caminar por la faz de la tierra, contactar lo físico y movernos libremente según nuestro deseo. Más que cualquier otro artefacto material que poseamos y utilicemos todos los días, los zapatos simbolizan nuestra participación en lo mundano. Protegen nuestros pies de las piedras y las espinas que cubren el suelo en el que andamos, mientras caminamos hacia el logro de nuestras metas en la vida.
En el Templo los sacerdotes servían descalzos, como para no separar sus cuerpos de la santidad del suelo del Templo. Similarmente, Dios dijo a Moshé en la Zarza Ardiente que se descalzara “…pues el lugar que pisas es tierra sagrada”. La guematria de la frase “es tierra sagrada” (אדמת קדש הוא, 861, admat kodesh hu), es la misma que la de “Templo Sagrado” (בית המקדש, Beit Hamikdash).
Pero mientras no hayamos santificado la tierra en su totalidad para ser un santuario para Dios, necesitamos zapatos para proteger nuestros pies, mientras estamos continuamente en movimiento, esforzándonos al máximo para hacer de este mundo un lugar mejor –un punto de encuentro para nosotros y nuestro Creador.
En el Cantar de los Cantares, la novia es descrita con las palabras: “¡Cuán hermosos son tus pies en los zapatos, la hija del benevolente” ("מַה יָּפוּ פְעָמַיִךְ בַּנְּעָלִים בַּת נָדִיב", má iafu peamaij banealim bat nadiv”). “El benevolente” se refiere a Abraham, el primer judío, que se destacó por su benevolencia sin igual hacia todos. Él necesitaba zapatos para que lo llevaran al lugar donde estaban los más necesitados y para llenar el mundo con la conciencia de Dios. A cada alma judía se le llama “hija del benevolente.”
En Cabalá, el nombre del arcángel del Mundo de la Acción, Sandalfón, viene de la palabra “sandal” (sandalia, como en castellano). Necesitamos sandalias/zapatos para funcionar óptimamente en el Mundo de la Acción.
Los dos pies simbolizan (y en el plano espiritual, encarnan) dos tipos de confianza innata a nuestra alma –la confianza activa (el pie derecho) y la confianza pasiva (el pie izquierdo). La confianza activa es relativamente masculina, mientras que la confianza pasiva es relativamente femenina. La confianza activa se manifiesta como la auto-confianza necesaria para tomar la iniciativa, para levantarse y lograr lo que tenemos que lograr en nuestras vidas. La confianza pasiva es la confianza simple y serena en el Todopoderoso que seguramente nos proveerá y preservará en todas las situaciones.
Empecemos a ponernos los zapatos con la conciencia del pie derecho –nos estamos poniendo los zapatos para ser dignos de trascender las limitaciones que nos impone nuestro entorno inmediato, para entrar al mundo exterior y continuar allí nuestra ocupación mundana y realizar nuestras metas. Pero, antes de atarnos el zapato derecho, hay que ponernos el zapato izquierdo –aumentar nuestra conciencia de que todas nuestras necesidades en la vida, y seguramente todo nuestro éxito, dependerán del Todopoderoso, el único en quien podemos confiar. Entonces, inmediatamente atamos y unimos esta confianza pasiva en el Todopoderoso y, solamente después de esto, atamos nuestra determinación de influir la realidad de la manera que deseamos (en aras del Todopoderoso).
Comenzamos a trabajar en el lado masculino de nuestro carácter (nuestra confianza activa, lista y con ganas alcanzar nuestra misión de vida) pero no podemos completar su rectificación (en Cabalá, “rectificación” significa “ropa”, en nuestro contexto, la ropa de los pies) antes de que completemos la rectificación de la parte femenina de nuestro carácter (nuestra confianza pasiva, nuestra total dependencia de Dios).

Para Qué Rezar

Bat Sheva oró para que su hijo Shlomó fuera sabio y apto para la profecía. Las otras esposas de David oraron para que sus hijos fueran dignos para reinar.

El Rey Shlomó comienza el último capítulo de los Proverbios con la exhortación que le hizo su madre cuando él era joven.
Comienza diciéndole “¿Qué, hijo mío? ¿Y qué, hijo de mi vientre? ¿Y qué, hijo de mis promesas?” El siguiente verso “No le des tu vigor a las mujeres...” ya lo hemos discutimos anteriormente.
Ella comienza con tres preguntas, ¿qué? ¿y qué? ¿y qué? ¿Qué te has hecho a ti mismo, a tu alma (investida en tu cuerpo)? ¿Qué le has hecho al origen de tu alma (tu alma investida en el vientre de tu madre, tu alma-raíz en lo alto)? ¿Qué le has hecho a Dios, a quien tu madre ha prometido?
Rashi explica que Bat Sheva dijo estas palabras de reprimenda a su hijo Shlomó el día de la inauguración del Templo que había construido a Dios (cumpliendo así el deseo más profundo de su padre David, quien no tuvo el mérito de construir el Templo en Ierushalaim). Ese mismo día él pecó al casarse con la hija del Faraón, que lo llevó a descuidar el servicio del Templo en su primer día (por lo que Dios decretó que el Templo sería destruido).
Rashi explica las tres preguntas de la siguiente manera:
“¿Qué, hijo mío?” –No sigas tu inclinación al mal (respecto a las mujeres), pues si lo haces, harás que la gente me haga, a tu madre,  responsable.
“¿Y qué, hijo de mis entrañas?” –En los últimos seis meses de mi embarazo, yo –a  diferencia de la costumbre de las otras esposas de tu padre, David, durante su embarazo –mantuve  relaciones maritales con tu padre por tu bien (para que nacieras ágil y alerta. Las relaciones maritales en los últimos seis meses del embarazo son buenas para el feto). Me importabas mucho cuando estabas en mi vientre (y mis relaciones con tu padre fueron por tu bien, no por mi placer físico).
“¿Y qué, hijo de mi promesa? –Todas las otras esposas de tu padre durante su embarazo prometieron (a Dios, jurando caridad o haciendo algún voto de abstenerse de ciertos placeres mundanos para así merecer la intervención Divina, y se les concediese el deseo de su corazón) que sus hijos sean dignos de reinar, pero yo prometí que mi hijo sería versado en la Torá.
Por lo que oraron las otras esposas de tu padre no les fue concedido, pero por lo que yo oré –dice Bat Sheva en su exhortación a Shlomó– me ha sido otorgado, junto con aquello por lo que no oré, que reinases después de tu padre.
La lección es: si uno desea y persigue el poder (reinar) no le será otorgado. Pero si uno desea y persigue el servicio de su Creador (que comienza con la comprensión de la Torá de Dios), entonces no sólo le será otorgado, sino que también tendrá el poder y el honor mundano.

lunes, 6 de junio de 2011

Las Primeras Diez Preguntas

Las preguntas vienen de la duda. La duda viene del pecado. El pecado viene de la ilusión. La Torá nos fue entregada para salvarnos de falsas ilusiones.
La ilusión está en la mente. El pecado original, un acto físico, fue perpetrado de la mano a la boca (al tomar y comer del fruto prohibido). La duda está en el corazón. Desde el corazón la duda entra en nuestra mente como pensamientos, que entonces encuentran expresión en nuestra boca como preguntas.
Pero la ilusión per sé se inicia con una pregunta. La primera pregunta que aparece en la Torá es la de la serpiente primordial a Javá en el Jardín del Edén (el comienzo de la astuta persuasión de la serpiente para que Java coma del fruto prohibido):
“¿En verdad os ha dicho Dios que no comáis de todos los árboles del jardín?”
(“אַף כִּי אָמַר אֱ – לֹהִים לֹא תֹאכְלוּ מִכֹּל עֵץ הַגָּן“).
No todos los comentaristas leen las palabras de la serpiente como preguntas; algunos interpretan estas palabras como una afirmación. Así pues, estas palabras presentan una incertidumbre, ¿son realmente una pregunta que la serpiente hace a Javá, o es simplemente una afirmación que refleja el “la forma de pensar” de la serpiente (a la que Javá responde en concordancia)? ¿Son una pregunta o simplemente una ilusión (la mentalidad de la serpiente)?
La serpiente primordial simboliza nuestra inclinación subconsciente al mal. En hebreo, la raíz “serpiente” (נ.ח.ש, najash) significa “adivinar”, una alusión a ilusión.
La propia cuestionable palabra (ya sea una pregunta o una afirmación), la primera palabra dicha por la serpiente (אף, af, traducida como, “¿En verdad, ha…?”), como sustantivo significa “ira”. La serpiente habla –proyecta su mentalidad– por ira. De allí proviene, al igual que los pastores que Iaakov conoció en la fuente, como vimos más arriba.
Inmediatamente después del pecado (unos pocos versos más adelante), Dios les hace a Adam y Javá cuatro preguntas explícitas, una tras otra, de las  que aprendemos que no sólo nuestras preguntas provienen de nuestras dudas-pecados-ilusiones, sino que también cuando pecamos Dios nos cuestiona/interroga. De hecho, nuestros pecados dan lugar a una duda en la mente de Dios, por así decirlo, si es que valió la pena habernos creado de la manera en que lo hizo, con la inclinación al mal. Él mismo experimenta arrepentimiento y duda, que a su vez da lugar a que cuestione al hombre (si tan sólo el hombre Le respondiese adecuadamente, este acto en sí podría expiar el pecado):
“Y Dios llamó a Adam y le preguntó: ‘¿Dónde estás?’ Y Adam respondió: ‘Oí Tu voz en el Jardín y tuve miedo porque estaba desnudo, y me escondí’. Y Él dijo: ‘¿Quién te dijo que estás desnudo?’, ‘¿Has comido del árbol del cual te prohibí comer?’… Y Dios dijo a la mujer: ‘¿Qué es esto que has hecho…?’”
Después de que Dios aceptó la ofrenda de Hebel y no la de Caín, Caín se enfureció (se contaminó con el veneno de la serpiente que había convivido con su madre Javá) y cayó su semblante. Dios le preguntó (dos preguntas, dos “por qués”). “¿Por qué estás enojado y por qué ha caído tu semblante? Si lo haces correctamente serás aceptado…”
La siguiente pregunta en la Torá es la que le plantea Dios a Caín después de que asesinó a su hermano Hebel: “¿Dónde está tu hermano Hebel?”
Caín le responde a Dios con una pregunta (¡siguiendo la buena tradición judía!): “No lo sé, ¿Acaso soy yo el guardián de mi hermano?” Esta es la primera pregunta en la Torá hecha por el hombre (a Dios, que proviene de un estado existencial de duda respecto a la omnipresencia y omnisciencia de Dios).
Dios le responde a Caín con otra pregunta (una versión abreviada de la misma pregunta que Dios le había hecho a su madre; la primera pregunta que Dios le hizo a Caín: “¿Dónde…? es la misma pregunta que le hizo por primera vez a Adam). “¿Qué has hecho? La voz de la sangre de tu hermano clama a Mí desde la tierra.”
Estas son entonces las primeras diez preguntas en la Torá, que podemos ver correspondiendo con las diez sefirot, todas ellas en el contexto del pecado (que da lugar a la duda), comenzando en la ilusión de la serpiente. Los Diez Mandamientos son las respuestas a estas diez preguntas.

Huyendo de Dios

Un ángel le preguntó a Agar, la doncella de Sarai, ¿de dónde vienes y adónde vas? Ella contestó: “Estoy huyendo de Sarai, mi ama”, (“אֵי מִזֶּה בָאת וְאָנָה תֵלֵכִי וַתֹּאמֶר מִפְּנֵי שָׂרַי גְּבִרְתִּי אָנֹכִי בֹּרַחַת”). Esta es la primera aparición en la Torá de la pregunta “¿a dónde [vas]?”
(Tomar en cuenta que la forma de la pregunta, “¿donde [vienes]?” (“אֵי מִזֶּה”, ei mize) no es la forma normal de “¿de dónde?” (מאין, meain), una palabra que también significa “de la nada”, como se explica más arriba, sino una expresión de dos palabras, literalmente, “donde de este [lugar]?”, como diciendo “¿de qué lugar específico vienes?”, enfatizando así más el lugar de origen que el destino.)
La historia ocurre antes de que el nombre de nuestra primera matriarca fuera cambiado de Sarai (con una iud) a Saráh (con un hei). Ella era estéril y entregó a su doncella Agar a su marido Abraham (en ese momento, Abram) con la esperanza de que por ese mérito ella misma pudiese concebir. Cuando Agar quedó embarazada de inmediato, comenzó a despreciar a su señora Sarai, quien reaccionó tratándola duramente, por lo que Agar huyó. El ángel encontró a Agar en el desierto junto a una fuente de agua, en medio de la nada.
Después de la respuesta a su pregunta, el ángel (un nuevo ángel, según los sabios) le dijo: “Vuelve a tu señora y entrégate en sus manos”
La primera aparición de una palabra o concepto en la Torá establece el escenario para todas las siguientes apariciones. La primera “¿a dónde vas?” trata de una mujer huyendo de su lugar ordenado Divinamente en el mundo, desde el lugar en el cual pueda cumplir su misión en la vida.
De hecho, su huida de Sarai implicaba una premonición del futuro. Después de dar a luz a Ishmael y después de que Saráh diera luz a Itzjak, Saráh le pidió a Abraham que echara a Agar y a su hijo de su hogar (Ishmael había amenazado la vida de Itzjak y a su legítimo derecho a heredar a Abraham), lo que Abraham hizo con renuencia por el mandato de Dios de escuchar las palabras de su esposa (esta fue la novena de las diez pruebas en la vida de Abraham, los diez pasos que lo convirtieron en el primer judío, y el último fue su disposición de sacrificar a su hijo Itzjak, la prueba de las Akeidá).
En los Salmos encontramos, “¿A dónde puedo escapar de Tu Espíritu y a dónde huiré de Tu Rostro?” (“אָנָה אֵלֵךְ מֵרוּחֶךָ וְאָנָה מִפָּנֶיךָ אֶבְרָח”, la misma forma de la pregunta “¿hacia dónde?” como en la historia de Agar) Muy a menudo, al igual que Agar, huimos de nuestra misión en la vida (porque sentimos que nuestra “ama” nos está tratando duramente; no sabemos quién es realmente Saráh nuestra ama, que su espíritu de profecía es aún mayor que el de Abraham), huimos  de Dios y Su Torá, de Sus enseñanzas para la humanidad (aquí Saráh simboliza la Torá de Dios, como está dicho, “la Torá de tu madre”).
Adam y Javá, también se escondieron de Dios después del pecado original. Esconderse es como huir. El profeta Ioná literalmente huyó de Dios, pues no estaba dispuesto a poner en peligro (eso creía) la seguridad espiritual de Israel, al asumir la responsabilidad que Dios le había dado para convertirse en un profeta para las naciones.
Pero Dios sabe qué es lo mejor. Así que no huyas de Dios. Entrégate a Él sumisamente y reconoce tu verdadero lugar en el mundo.

¿Hacia Dónde Te Diriges?

En castellano podemos preguntar “¿Hacia dónde te diriges?” en lugar de “¿A dónde vas?”. La expresión paralela en hebreo es “¿A dónde se orienta tu rostro?” (לאן פניך מועדות, leán panaij muadot)
“¿Hacia dónde te diriges?” (Where are you headed, lit, hacia dónde va tu cabeza”) sugiere consciencia (conciencia de tipo vectorial. “La cabeza” en esta expresión es como la cabeza de una flecha), que tienes en mente el objetivo hacia donde te diriges. Podría también implicar que vas hacia un objetivo consciente, para lograr un propósito específico en la vida. Te “diriges” hacia una “finalidad”, en última instancia, hacia “la profundidad del final”, el entendimiento (la consciencia rectificada), el Mundo Venidero.
En la Biblia, la expresión “a donde se orienta tu rostro” aparece sólo una vez. El rey de Babilonia habla a su espada (en hechicería), “Ve en una dirección, ya sea a la derecha [a Ierushalaim] o hacia la izquierda [hacia Rabat Amón], a donde se orienta tu rostro” (“הִתְאַחֲדִי הֵימִנִי הָשִׂימִי הַשְׂמִילִי אָנָה פָּנַיִךְ מֻעָדוֹת”, “hitajadí haiemini hasmili ana panaij muadot”).
De este contexto de maldad podemos aprender para el bien. Tenemos que elegir un camino en la vida y seguir ese camino, el camino que nos lleve al destino al que nos dirigimos. El versículo comienza con la raíz “uno” en la forma reflexiva –“convertirse en uno” (התאחדי). Elegir un camino en la vida es identificarnos plenamente con ese camino, para convertirnos en uno con él. Nosotros, el pueblo judío, somos llamados “un pueblo en la tierra”. Dios nos ha enviado para traer la conciencia de la unidad verdadera y absoluta a toda la humanidad. Lo realizamos al convertirnos en uno con nuestro camino, el camino de la Torá.
La inclinación inconsciente del alma Divina es hacia la derecha, elegir (preferir, ya que todos los demás factores conscientes están en igualdad de condiciones) ir a la derecha (y hacer el bien; en castellano “ir derecho”; en castellano se dice lo correcto es derecho, tomar la decisión correcta, hacer lo correcto –si estuvieses en el camino equivocado en la vida, ir a la derecha es reparar tus caminos, hacer teshuvá).
Ir a la derecha es dirigirse (orientar tu rostro, en hebreo, “cara”, panim, significa “intención interna”, pnim) hacia Ierushalaim, la ciudad de la paz, el verdadero destino de cada judío y de toda la humanidad.
El rey de Babilonia (que al final fue por derecho, pero en aras de un propósito equivocado, de lo cual podemos inferir que existen “derechistas” absolutamente equivocados) estaba afuera, con su espada apuntada, para destruir a Ierushalaim. Nuestro destino es la reconstrucción de Ierushalaim y el Templo Sagrado en su centro, para alcanzar nuestro objetivo, que es también el objetivo de Dios –“Mi  casa será la casa de oración para todas las naciones.”

domingo, 5 de junio de 2011

Sexo y Política

“No des tu vigor [es decir, tu semilla] a las mujeres, ni tus caminos a lo que destruye a los reyes” ("אַל תִּתֵּן לַנָּשִׁים חֵילֶךָ וּדְרָכֶיךָ לַמְחוֹת מְלָכִין"). Esta es la fuente bíblica para la relación entre el sexo y la política.
Maimónides cita este versículo (del último capítulo de Proverbios, la ética del Rey Shlomó, el más sabio de los hombres; en este versículo en particular, habla de su propia experiencia personal, donde resuena la exhortación que le dio su madre en su juventud) enseñando que uno debe ser moderado (no demasiado indulgente) en el sexo, si es que quiere vivir una vida sana. Cita el versículo completo (para el tema en cuestión habría sido suficiente citar el principio del verso solamente), sin explicar la relación de la primera parte con la segunda.
De este verso surgiría que el deseo sexual y el deseo por el poder político –para destruir y derrocar reyes con el fin de usurpar su posición y poder (o quizá con el fin de promover la anarquía, para convertirse en una figura destacada en un movimiento anarquista) - van de la mano.
Al parecer, nuestra generación no es la única donde las figuras políticas se ven envueltas en escándalos sexuales.
De la sintaxis del verso (y el hecho de que Maimónides cita el final del verso sin explicar su relación con el principio), está claro que todo (es decir, la política) se inicia con y deriva de la libido, el impulso sexual. Cuanto mayor es la libido, mayor es el impulso para entrar y tomar el control en la arena política.
En un plano más espiritual (entendiendo la segunda mitad del verso como totalmente dependiente de la primera mitad), demasiado sexo destruirá, a la larga, su potencial de liderazgo.
Pero en un plano espiritual más profundo (entendiendo la segunda mitad del versículo como una rectificación de la primera mitad -en el original, la palabra hebrea “ni” y las palabras “lo que” no aparecen en el texto, por lo que el versículo puede leerse como: “No des tu vigor a las mujeres, y tus camino a destruir reyes”, aludiendo a que “la manera de destruir a los reyes” es lo que hay que hacer si has dado tu vigor, demasiado de tu semilla, a las mujeres), si caes en demasiado sexo en tu vida (ya sea en la forma de auto-abuso o abuso a los demás), no te desesperes -involúcrate totalmente en el derrocamiento del sistema político contemporáneo, corrupto y anti-Torá. Esa es la manera de reparar el daño que te has hecho a ti mismo y a otros por mal uso de tu deseo sexual. En la Cabalá se nos enseña que la rectificación debe venir del mismo impulso psicológico que produjo el daño.
Por lo tanto, rectifica el sexo con la política.

… Al Todo

Nuestro origen está en la nada Divina. Nuestro objetivo es entender todo, como se dice: “Aquellos que buscan a Dios entenderán todo”.
Venimos de la sabiduría, el principio padre, y vamos al entendimiento, el principio madre. Padre, “la profundidad del principio”, es “la nada” (“la sabiduría aparece de la nada”, la “nada”. la fuente de todo nuevo entendimiento, de cada nuevo flash de sabiduría revelada, es la esencia misma de la sabiduría). Madre, “la profundidad del final”, es “cada cosa” o “todo” (el secreto del Mundo Venidero). Todo se refiere a la totalidad de las 50 puertas del entendimiento, incluyendo la puerta 50, la comprensión de Dios y Sus caminos. La palabra “todo” (כל, col) equivale a 50.
La Festividad de Shavuot, que conmemora la entrega de la Torá, es el día 50 del Omer, que comienza el segundo día de Pesaj. El primer día de Pesaj, el día del Éxodo de Egipto (el nacimiento de una nueva entidad nacional, Israel, desde un estado psicológico de servidumbre –el nacimiento de algo de la nada), viene de la nada. La culminación, la recepción la Torá en el Sinaí, es alcanzar nuestra meta –todo.
De hecho, en la Entrega de la Torá en Shavuot está el llegar de la nada (la sabiduría) y el ir a todo (entendimiento). La Torá es la manifestación primaria en la realidad de la sabiduría infinita de Dios, como está dicho: “La Torá viene de la sabiduría”. Dios nos da la Torá de Su sabiduría, de la nada Divina. Recibimos y asimilamos la Torá de Dios con nuestra facultad de entendimiento. Este es un proceso continuo que comienza en Shavuot, procediendo a la comprensión final del todo (el “sentido” del mes de Sivan es el sentido del proceder adelante).
El proceso de ir desde la nada, la sabiduría, al todo, el entendimiento, se repite varias veces durante todo el año. Después de Shavuot hay una manifestación negativa (que en el futuro se transformará en el bien supremo), los “Tres Semanas” del 17 de Tamuz al 9 de Av. Este es un período de duelo por la destrucción del Templo. Comienza el día en que Moshé rompió las Tablas del Pacto ante los ojos del pueblo después del pecado del Becerro de Oro y culmina el día en que la gente lloraba por el informe de los espías sobre los habitantes de la Tierra de Canaán (la Tierra Prometida), que eran demasiado fuertes para ser conquistados. Estos dos eventos corresponden al (defecto del) sentido de la vista (el sentido de Tamuz) y el sentido del oído (el sentido de Av), que a su vez corresponde a sabiduría y entendimiento.
Luego vienen los Diez Días de Arrepentimiento, a partir de Rosh Hashaná, correspondientes a la sabiduría en el alma, y ​​ culminan en Iom Kipur, que corresponde al entendimiento en el alma.
Luego vienen las dos festividades de Janucá y Purim, la festividad del aceite, sabiduría, y el festival del vino, entendimiento.
Estos cuatro períodos de transición, desde la sabiduría hasta el entendimiento, a partir de la nada hasta el todo (que corresponden a las cuatro letras del Nombre esencial de Dios, Havaiá) comprenden un total de 162 días del año. En un año normal de 354 días (12 meses lunares, alternando 30 a 29 días) quedan 192 días, el valor de “’en todo’ ‘de todo’ ‘todo’” (בכל מכל כל, bacol, micol, col), las tres formas de “todo” que aparecen en referencia a los tres Patriarcas, de lo cual los sabios aprenden que probaron en este mundo el sabor de el Mundo Venidero, la suprema experiencia de “todo”, el lugar a donde nos dirigimos.

De la Nada

En hebreo, la pregunta “¿De dónde (soy/eres)?” (מאיןmeain) contiene la respuesta. “¿de dónde?” literalmente se lee como “de la nada”.
La primera aparición en la Torá de la pregunta “¿de dónde?” está en la historia de Iaakov en camino a Harán, a punto de encontrarse y enamorarse (a primera vista) con Rajel. (Tenía 77 años de edad en ese momento). Llegó a un pozo de agua y encontró allí a un grupo de pastores a quienes preguntó: “¿Hermanos míos, de dónde son?” Ellos contestaron: “Somos de Harán”.
La conversación continúa: “Y él les dijo: ‘¿Conocen a Labán hijo de Najor?’, y le respondieron: ‘Si, le conocemos.’ Y  les preguntó: ‘¿Se encuentra bien?’, Y dijeron: ‘Él está bien, y he aquí a Rajel, su hija, que viene con las ovejas.”
Cuando un tzadik le hace a alguien una pregunta, se plantea a sí mismo la misma pregunta simultáneamente. Cuando Iaakov le preguntó a los pastores “¿De dónde son?” se hizo la misma pregunta “¿De dónde soy?”. Esto es aludido por el hecho de que precedió a su pregunta con la palabra “Hermanos míos”, conectándose  de este modo con el alma-raíz de ellos (en hebreo “hermano” significa “cosidos juntos”). Iaakov venía de Israel (en aquel tiempo, la tierra de Canaán). El origen espiritual de Israel (tanto de las almas de Israel como de la Tierra de Israel) es la Nada Divina (tal como el Baal Shem Tov interpreta el dictamen de los sabios, que “la nada es la raíz espiritual de Israel”). Los pastores, por el contrario, venían de Harán, que en hebreo significa un lugar de la ira (lo opuesto de sentirse nada).
En respuesta de los pastores a su pregunta, Iaakov oyó la respuesta a la pregunta que se hizo a sí mismo: ellos son de la ira y yo soy de la nada. Esta fue la preparación necesaria para que encontrara su alma gemela, Rajel. Ambos provenían de una fuente común: la nada Divina (el origen de todas las almas judías).
Tan pronto como oyó a los pastores decir: “Rajel su hija viene con las ovejas” (esta es la primera vez que se menciona en la Torá el nombre de Rajel) supo que ella era su alma gemela predestinada (beshert, en idish). Escuchó a la Providencia Divina hablando a través de esas palabras. El valor promedio de las cinco palabras (en hebreo): “Rajel su hija viene con las ovejas” (רחל בתו באה עם הצאןRajel bitó va im hazón) es 182 (7 veces 26, el Nombre esencial de Dios Havaiá), que equivale a Iaakov (יעקב). Al oír estas palabras, Iaakov intuyó que él y Rajel y las ovejas son uno –en Cabalá aprendemos que todas las almas de Israel estaban presentes en las ovejas. La combinación de Iaakov (182, יעקב), Rajel (238, רחל) y las ovejas (141, צאן) suman 561 = “Hermanos míos, de dónde son?” (אחי מאין אתםajim meain atem?).