Harav Yitzchak Ginsburgh

jueves, 9 de junio de 2011

La Cabalá y el Arte de Atarse los Zapatos

Primero ponte el zapato derecho, después el zapato izquierdo, luego ata el zapato izquierdo, y finalmente, ata el zapato derecho. Esa es la manera en que los judíos lo hacen. 

La Torá nos fue otorgada para santificar lo mundano.
Los zapatos nos permiten caminar por la faz de la tierra, contactar lo físico y movernos libremente según nuestro deseo. Más que cualquier otro artefacto material que poseamos y utilicemos todos los días, los zapatos simbolizan nuestra participación en lo mundano. Protegen nuestros pies de las piedras y las espinas que cubren el suelo en el que andamos, mientras caminamos hacia el logro de nuestras metas en la vida.
En el Templo los sacerdotes servían descalzos, como para no separar sus cuerpos de la santidad del suelo del Templo. Similarmente, Dios dijo a Moshé en la Zarza Ardiente que se descalzara “…pues el lugar que pisas es tierra sagrada”. La guematria de la frase “es tierra sagrada” (אדמת קדש הוא, 861, admat kodesh hu), es la misma que la de “Templo Sagrado” (בית המקדש, Beit Hamikdash).
Pero mientras no hayamos santificado la tierra en su totalidad para ser un santuario para Dios, necesitamos zapatos para proteger nuestros pies, mientras estamos continuamente en movimiento, esforzándonos al máximo para hacer de este mundo un lugar mejor –un punto de encuentro para nosotros y nuestro Creador.
En el Cantar de los Cantares, la novia es descrita con las palabras: “¡Cuán hermosos son tus pies en los zapatos, la hija del benevolente” ("מַה יָּפוּ פְעָמַיִךְ בַּנְּעָלִים בַּת נָדִיב", má iafu peamaij banealim bat nadiv”). “El benevolente” se refiere a Abraham, el primer judío, que se destacó por su benevolencia sin igual hacia todos. Él necesitaba zapatos para que lo llevaran al lugar donde estaban los más necesitados y para llenar el mundo con la conciencia de Dios. A cada alma judía se le llama “hija del benevolente.”
En Cabalá, el nombre del arcángel del Mundo de la Acción, Sandalfón, viene de la palabra “sandal” (sandalia, como en castellano). Necesitamos sandalias/zapatos para funcionar óptimamente en el Mundo de la Acción.
Los dos pies simbolizan (y en el plano espiritual, encarnan) dos tipos de confianza innata a nuestra alma –la confianza activa (el pie derecho) y la confianza pasiva (el pie izquierdo). La confianza activa es relativamente masculina, mientras que la confianza pasiva es relativamente femenina. La confianza activa se manifiesta como la auto-confianza necesaria para tomar la iniciativa, para levantarse y lograr lo que tenemos que lograr en nuestras vidas. La confianza pasiva es la confianza simple y serena en el Todopoderoso que seguramente nos proveerá y preservará en todas las situaciones.
Empecemos a ponernos los zapatos con la conciencia del pie derecho –nos estamos poniendo los zapatos para ser dignos de trascender las limitaciones que nos impone nuestro entorno inmediato, para entrar al mundo exterior y continuar allí nuestra ocupación mundana y realizar nuestras metas. Pero, antes de atarnos el zapato derecho, hay que ponernos el zapato izquierdo –aumentar nuestra conciencia de que todas nuestras necesidades en la vida, y seguramente todo nuestro éxito, dependerán del Todopoderoso, el único en quien podemos confiar. Entonces, inmediatamente atamos y unimos esta confianza pasiva en el Todopoderoso y, solamente después de esto, atamos nuestra determinación de influir la realidad de la manera que deseamos (en aras del Todopoderoso).
Comenzamos a trabajar en el lado masculino de nuestro carácter (nuestra confianza activa, lista y con ganas alcanzar nuestra misión de vida) pero no podemos completar su rectificación (en Cabalá, “rectificación” significa “ropa”, en nuestro contexto, la ropa de los pies) antes de que completemos la rectificación de la parte femenina de nuestro carácter (nuestra confianza pasiva, nuestra total dependencia de Dios).

Para Qué Rezar

Bat Sheva oró para que su hijo Shlomó fuera sabio y apto para la profecía. Las otras esposas de David oraron para que sus hijos fueran dignos para reinar.

El Rey Shlomó comienza el último capítulo de los Proverbios con la exhortación que le hizo su madre cuando él era joven.
Comienza diciéndole “¿Qué, hijo mío? ¿Y qué, hijo de mi vientre? ¿Y qué, hijo de mis promesas?” El siguiente verso “No le des tu vigor a las mujeres...” ya lo hemos discutimos anteriormente.
Ella comienza con tres preguntas, ¿qué? ¿y qué? ¿y qué? ¿Qué te has hecho a ti mismo, a tu alma (investida en tu cuerpo)? ¿Qué le has hecho al origen de tu alma (tu alma investida en el vientre de tu madre, tu alma-raíz en lo alto)? ¿Qué le has hecho a Dios, a quien tu madre ha prometido?
Rashi explica que Bat Sheva dijo estas palabras de reprimenda a su hijo Shlomó el día de la inauguración del Templo que había construido a Dios (cumpliendo así el deseo más profundo de su padre David, quien no tuvo el mérito de construir el Templo en Ierushalaim). Ese mismo día él pecó al casarse con la hija del Faraón, que lo llevó a descuidar el servicio del Templo en su primer día (por lo que Dios decretó que el Templo sería destruido).
Rashi explica las tres preguntas de la siguiente manera:
“¿Qué, hijo mío?” –No sigas tu inclinación al mal (respecto a las mujeres), pues si lo haces, harás que la gente me haga, a tu madre,  responsable.
“¿Y qué, hijo de mis entrañas?” –En los últimos seis meses de mi embarazo, yo –a  diferencia de la costumbre de las otras esposas de tu padre, David, durante su embarazo –mantuve  relaciones maritales con tu padre por tu bien (para que nacieras ágil y alerta. Las relaciones maritales en los últimos seis meses del embarazo son buenas para el feto). Me importabas mucho cuando estabas en mi vientre (y mis relaciones con tu padre fueron por tu bien, no por mi placer físico).
“¿Y qué, hijo de mi promesa? –Todas las otras esposas de tu padre durante su embarazo prometieron (a Dios, jurando caridad o haciendo algún voto de abstenerse de ciertos placeres mundanos para así merecer la intervención Divina, y se les concediese el deseo de su corazón) que sus hijos sean dignos de reinar, pero yo prometí que mi hijo sería versado en la Torá.
Por lo que oraron las otras esposas de tu padre no les fue concedido, pero por lo que yo oré –dice Bat Sheva en su exhortación a Shlomó– me ha sido otorgado, junto con aquello por lo que no oré, que reinases después de tu padre.
La lección es: si uno desea y persigue el poder (reinar) no le será otorgado. Pero si uno desea y persigue el servicio de su Creador (que comienza con la comprensión de la Torá de Dios), entonces no sólo le será otorgado, sino que también tendrá el poder y el honor mundano.

lunes, 6 de junio de 2011

Las Primeras Diez Preguntas

Las preguntas vienen de la duda. La duda viene del pecado. El pecado viene de la ilusión. La Torá nos fue entregada para salvarnos de falsas ilusiones.
La ilusión está en la mente. El pecado original, un acto físico, fue perpetrado de la mano a la boca (al tomar y comer del fruto prohibido). La duda está en el corazón. Desde el corazón la duda entra en nuestra mente como pensamientos, que entonces encuentran expresión en nuestra boca como preguntas.
Pero la ilusión per sé se inicia con una pregunta. La primera pregunta que aparece en la Torá es la de la serpiente primordial a Javá en el Jardín del Edén (el comienzo de la astuta persuasión de la serpiente para que Java coma del fruto prohibido):
“¿En verdad os ha dicho Dios que no comáis de todos los árboles del jardín?”
(“אַף כִּי אָמַר אֱ – לֹהִים לֹא תֹאכְלוּ מִכֹּל עֵץ הַגָּן“).
No todos los comentaristas leen las palabras de la serpiente como preguntas; algunos interpretan estas palabras como una afirmación. Así pues, estas palabras presentan una incertidumbre, ¿son realmente una pregunta que la serpiente hace a Javá, o es simplemente una afirmación que refleja el “la forma de pensar” de la serpiente (a la que Javá responde en concordancia)? ¿Son una pregunta o simplemente una ilusión (la mentalidad de la serpiente)?
La serpiente primordial simboliza nuestra inclinación subconsciente al mal. En hebreo, la raíz “serpiente” (נ.ח.ש, najash) significa “adivinar”, una alusión a ilusión.
La propia cuestionable palabra (ya sea una pregunta o una afirmación), la primera palabra dicha por la serpiente (אף, af, traducida como, “¿En verdad, ha…?”), como sustantivo significa “ira”. La serpiente habla –proyecta su mentalidad– por ira. De allí proviene, al igual que los pastores que Iaakov conoció en la fuente, como vimos más arriba.
Inmediatamente después del pecado (unos pocos versos más adelante), Dios les hace a Adam y Javá cuatro preguntas explícitas, una tras otra, de las  que aprendemos que no sólo nuestras preguntas provienen de nuestras dudas-pecados-ilusiones, sino que también cuando pecamos Dios nos cuestiona/interroga. De hecho, nuestros pecados dan lugar a una duda en la mente de Dios, por así decirlo, si es que valió la pena habernos creado de la manera en que lo hizo, con la inclinación al mal. Él mismo experimenta arrepentimiento y duda, que a su vez da lugar a que cuestione al hombre (si tan sólo el hombre Le respondiese adecuadamente, este acto en sí podría expiar el pecado):
“Y Dios llamó a Adam y le preguntó: ‘¿Dónde estás?’ Y Adam respondió: ‘Oí Tu voz en el Jardín y tuve miedo porque estaba desnudo, y me escondí’. Y Él dijo: ‘¿Quién te dijo que estás desnudo?’, ‘¿Has comido del árbol del cual te prohibí comer?’… Y Dios dijo a la mujer: ‘¿Qué es esto que has hecho…?’”
Después de que Dios aceptó la ofrenda de Hebel y no la de Caín, Caín se enfureció (se contaminó con el veneno de la serpiente que había convivido con su madre Javá) y cayó su semblante. Dios le preguntó (dos preguntas, dos “por qués”). “¿Por qué estás enojado y por qué ha caído tu semblante? Si lo haces correctamente serás aceptado…”
La siguiente pregunta en la Torá es la que le plantea Dios a Caín después de que asesinó a su hermano Hebel: “¿Dónde está tu hermano Hebel?”
Caín le responde a Dios con una pregunta (¡siguiendo la buena tradición judía!): “No lo sé, ¿Acaso soy yo el guardián de mi hermano?” Esta es la primera pregunta en la Torá hecha por el hombre (a Dios, que proviene de un estado existencial de duda respecto a la omnipresencia y omnisciencia de Dios).
Dios le responde a Caín con otra pregunta (una versión abreviada de la misma pregunta que Dios le había hecho a su madre; la primera pregunta que Dios le hizo a Caín: “¿Dónde…? es la misma pregunta que le hizo por primera vez a Adam). “¿Qué has hecho? La voz de la sangre de tu hermano clama a Mí desde la tierra.”
Estas son entonces las primeras diez preguntas en la Torá, que podemos ver correspondiendo con las diez sefirot, todas ellas en el contexto del pecado (que da lugar a la duda), comenzando en la ilusión de la serpiente. Los Diez Mandamientos son las respuestas a estas diez preguntas.

Huyendo de Dios

Un ángel le preguntó a Agar, la doncella de Sarai, ¿de dónde vienes y adónde vas? Ella contestó: “Estoy huyendo de Sarai, mi ama”, (“אֵי מִזֶּה בָאת וְאָנָה תֵלֵכִי וַתֹּאמֶר מִפְּנֵי שָׂרַי גְּבִרְתִּי אָנֹכִי בֹּרַחַת”). Esta es la primera aparición en la Torá de la pregunta “¿a dónde [vas]?”
(Tomar en cuenta que la forma de la pregunta, “¿donde [vienes]?” (“אֵי מִזֶּה”, ei mize) no es la forma normal de “¿de dónde?” (מאין, meain), una palabra que también significa “de la nada”, como se explica más arriba, sino una expresión de dos palabras, literalmente, “donde de este [lugar]?”, como diciendo “¿de qué lugar específico vienes?”, enfatizando así más el lugar de origen que el destino.)
La historia ocurre antes de que el nombre de nuestra primera matriarca fuera cambiado de Sarai (con una iud) a Saráh (con un hei). Ella era estéril y entregó a su doncella Agar a su marido Abraham (en ese momento, Abram) con la esperanza de que por ese mérito ella misma pudiese concebir. Cuando Agar quedó embarazada de inmediato, comenzó a despreciar a su señora Sarai, quien reaccionó tratándola duramente, por lo que Agar huyó. El ángel encontró a Agar en el desierto junto a una fuente de agua, en medio de la nada.
Después de la respuesta a su pregunta, el ángel (un nuevo ángel, según los sabios) le dijo: “Vuelve a tu señora y entrégate en sus manos”
La primera aparición de una palabra o concepto en la Torá establece el escenario para todas las siguientes apariciones. La primera “¿a dónde vas?” trata de una mujer huyendo de su lugar ordenado Divinamente en el mundo, desde el lugar en el cual pueda cumplir su misión en la vida.
De hecho, su huida de Sarai implicaba una premonición del futuro. Después de dar a luz a Ishmael y después de que Saráh diera luz a Itzjak, Saráh le pidió a Abraham que echara a Agar y a su hijo de su hogar (Ishmael había amenazado la vida de Itzjak y a su legítimo derecho a heredar a Abraham), lo que Abraham hizo con renuencia por el mandato de Dios de escuchar las palabras de su esposa (esta fue la novena de las diez pruebas en la vida de Abraham, los diez pasos que lo convirtieron en el primer judío, y el último fue su disposición de sacrificar a su hijo Itzjak, la prueba de las Akeidá).
En los Salmos encontramos, “¿A dónde puedo escapar de Tu Espíritu y a dónde huiré de Tu Rostro?” (“אָנָה אֵלֵךְ מֵרוּחֶךָ וְאָנָה מִפָּנֶיךָ אֶבְרָח”, la misma forma de la pregunta “¿hacia dónde?” como en la historia de Agar) Muy a menudo, al igual que Agar, huimos de nuestra misión en la vida (porque sentimos que nuestra “ama” nos está tratando duramente; no sabemos quién es realmente Saráh nuestra ama, que su espíritu de profecía es aún mayor que el de Abraham), huimos  de Dios y Su Torá, de Sus enseñanzas para la humanidad (aquí Saráh simboliza la Torá de Dios, como está dicho, “la Torá de tu madre”).
Adam y Javá, también se escondieron de Dios después del pecado original. Esconderse es como huir. El profeta Ioná literalmente huyó de Dios, pues no estaba dispuesto a poner en peligro (eso creía) la seguridad espiritual de Israel, al asumir la responsabilidad que Dios le había dado para convertirse en un profeta para las naciones.
Pero Dios sabe qué es lo mejor. Así que no huyas de Dios. Entrégate a Él sumisamente y reconoce tu verdadero lugar en el mundo.

¿Hacia Dónde Te Diriges?

En castellano podemos preguntar “¿Hacia dónde te diriges?” en lugar de “¿A dónde vas?”. La expresión paralela en hebreo es “¿A dónde se orienta tu rostro?” (לאן פניך מועדות, leán panaij muadot)
“¿Hacia dónde te diriges?” (Where are you headed, lit, hacia dónde va tu cabeza”) sugiere consciencia (conciencia de tipo vectorial. “La cabeza” en esta expresión es como la cabeza de una flecha), que tienes en mente el objetivo hacia donde te diriges. Podría también implicar que vas hacia un objetivo consciente, para lograr un propósito específico en la vida. Te “diriges” hacia una “finalidad”, en última instancia, hacia “la profundidad del final”, el entendimiento (la consciencia rectificada), el Mundo Venidero.
En la Biblia, la expresión “a donde se orienta tu rostro” aparece sólo una vez. El rey de Babilonia habla a su espada (en hechicería), “Ve en una dirección, ya sea a la derecha [a Ierushalaim] o hacia la izquierda [hacia Rabat Amón], a donde se orienta tu rostro” (“הִתְאַחֲדִי הֵימִנִי הָשִׂימִי הַשְׂמִילִי אָנָה פָּנַיִךְ מֻעָדוֹת”, “hitajadí haiemini hasmili ana panaij muadot”).
De este contexto de maldad podemos aprender para el bien. Tenemos que elegir un camino en la vida y seguir ese camino, el camino que nos lleve al destino al que nos dirigimos. El versículo comienza con la raíz “uno” en la forma reflexiva –“convertirse en uno” (התאחדי). Elegir un camino en la vida es identificarnos plenamente con ese camino, para convertirnos en uno con él. Nosotros, el pueblo judío, somos llamados “un pueblo en la tierra”. Dios nos ha enviado para traer la conciencia de la unidad verdadera y absoluta a toda la humanidad. Lo realizamos al convertirnos en uno con nuestro camino, el camino de la Torá.
La inclinación inconsciente del alma Divina es hacia la derecha, elegir (preferir, ya que todos los demás factores conscientes están en igualdad de condiciones) ir a la derecha (y hacer el bien; en castellano “ir derecho”; en castellano se dice lo correcto es derecho, tomar la decisión correcta, hacer lo correcto –si estuvieses en el camino equivocado en la vida, ir a la derecha es reparar tus caminos, hacer teshuvá).
Ir a la derecha es dirigirse (orientar tu rostro, en hebreo, “cara”, panim, significa “intención interna”, pnim) hacia Ierushalaim, la ciudad de la paz, el verdadero destino de cada judío y de toda la humanidad.
El rey de Babilonia (que al final fue por derecho, pero en aras de un propósito equivocado, de lo cual podemos inferir que existen “derechistas” absolutamente equivocados) estaba afuera, con su espada apuntada, para destruir a Ierushalaim. Nuestro destino es la reconstrucción de Ierushalaim y el Templo Sagrado en su centro, para alcanzar nuestro objetivo, que es también el objetivo de Dios –“Mi  casa será la casa de oración para todas las naciones.”

domingo, 5 de junio de 2011

Sexo y Política

“No des tu vigor [es decir, tu semilla] a las mujeres, ni tus caminos a lo que destruye a los reyes” ("אַל תִּתֵּן לַנָּשִׁים חֵילֶךָ וּדְרָכֶיךָ לַמְחוֹת מְלָכִין"). Esta es la fuente bíblica para la relación entre el sexo y la política.
Maimónides cita este versículo (del último capítulo de Proverbios, la ética del Rey Shlomó, el más sabio de los hombres; en este versículo en particular, habla de su propia experiencia personal, donde resuena la exhortación que le dio su madre en su juventud) enseñando que uno debe ser moderado (no demasiado indulgente) en el sexo, si es que quiere vivir una vida sana. Cita el versículo completo (para el tema en cuestión habría sido suficiente citar el principio del verso solamente), sin explicar la relación de la primera parte con la segunda.
De este verso surgiría que el deseo sexual y el deseo por el poder político –para destruir y derrocar reyes con el fin de usurpar su posición y poder (o quizá con el fin de promover la anarquía, para convertirse en una figura destacada en un movimiento anarquista) - van de la mano.
Al parecer, nuestra generación no es la única donde las figuras políticas se ven envueltas en escándalos sexuales.
De la sintaxis del verso (y el hecho de que Maimónides cita el final del verso sin explicar su relación con el principio), está claro que todo (es decir, la política) se inicia con y deriva de la libido, el impulso sexual. Cuanto mayor es la libido, mayor es el impulso para entrar y tomar el control en la arena política.
En un plano más espiritual (entendiendo la segunda mitad del verso como totalmente dependiente de la primera mitad), demasiado sexo destruirá, a la larga, su potencial de liderazgo.
Pero en un plano espiritual más profundo (entendiendo la segunda mitad del versículo como una rectificación de la primera mitad -en el original, la palabra hebrea “ni” y las palabras “lo que” no aparecen en el texto, por lo que el versículo puede leerse como: “No des tu vigor a las mujeres, y tus camino a destruir reyes”, aludiendo a que “la manera de destruir a los reyes” es lo que hay que hacer si has dado tu vigor, demasiado de tu semilla, a las mujeres), si caes en demasiado sexo en tu vida (ya sea en la forma de auto-abuso o abuso a los demás), no te desesperes -involúcrate totalmente en el derrocamiento del sistema político contemporáneo, corrupto y anti-Torá. Esa es la manera de reparar el daño que te has hecho a ti mismo y a otros por mal uso de tu deseo sexual. En la Cabalá se nos enseña que la rectificación debe venir del mismo impulso psicológico que produjo el daño.
Por lo tanto, rectifica el sexo con la política.

… Al Todo

Nuestro origen está en la nada Divina. Nuestro objetivo es entender todo, como se dice: “Aquellos que buscan a Dios entenderán todo”.
Venimos de la sabiduría, el principio padre, y vamos al entendimiento, el principio madre. Padre, “la profundidad del principio”, es “la nada” (“la sabiduría aparece de la nada”, la “nada”. la fuente de todo nuevo entendimiento, de cada nuevo flash de sabiduría revelada, es la esencia misma de la sabiduría). Madre, “la profundidad del final”, es “cada cosa” o “todo” (el secreto del Mundo Venidero). Todo se refiere a la totalidad de las 50 puertas del entendimiento, incluyendo la puerta 50, la comprensión de Dios y Sus caminos. La palabra “todo” (כל, col) equivale a 50.
La Festividad de Shavuot, que conmemora la entrega de la Torá, es el día 50 del Omer, que comienza el segundo día de Pesaj. El primer día de Pesaj, el día del Éxodo de Egipto (el nacimiento de una nueva entidad nacional, Israel, desde un estado psicológico de servidumbre –el nacimiento de algo de la nada), viene de la nada. La culminación, la recepción la Torá en el Sinaí, es alcanzar nuestra meta –todo.
De hecho, en la Entrega de la Torá en Shavuot está el llegar de la nada (la sabiduría) y el ir a todo (entendimiento). La Torá es la manifestación primaria en la realidad de la sabiduría infinita de Dios, como está dicho: “La Torá viene de la sabiduría”. Dios nos da la Torá de Su sabiduría, de la nada Divina. Recibimos y asimilamos la Torá de Dios con nuestra facultad de entendimiento. Este es un proceso continuo que comienza en Shavuot, procediendo a la comprensión final del todo (el “sentido” del mes de Sivan es el sentido del proceder adelante).
El proceso de ir desde la nada, la sabiduría, al todo, el entendimiento, se repite varias veces durante todo el año. Después de Shavuot hay una manifestación negativa (que en el futuro se transformará en el bien supremo), los “Tres Semanas” del 17 de Tamuz al 9 de Av. Este es un período de duelo por la destrucción del Templo. Comienza el día en que Moshé rompió las Tablas del Pacto ante los ojos del pueblo después del pecado del Becerro de Oro y culmina el día en que la gente lloraba por el informe de los espías sobre los habitantes de la Tierra de Canaán (la Tierra Prometida), que eran demasiado fuertes para ser conquistados. Estos dos eventos corresponden al (defecto del) sentido de la vista (el sentido de Tamuz) y el sentido del oído (el sentido de Av), que a su vez corresponde a sabiduría y entendimiento.
Luego vienen los Diez Días de Arrepentimiento, a partir de Rosh Hashaná, correspondientes a la sabiduría en el alma, y ​​ culminan en Iom Kipur, que corresponde al entendimiento en el alma.
Luego vienen las dos festividades de Janucá y Purim, la festividad del aceite, sabiduría, y el festival del vino, entendimiento.
Estos cuatro períodos de transición, desde la sabiduría hasta el entendimiento, a partir de la nada hasta el todo (que corresponden a las cuatro letras del Nombre esencial de Dios, Havaiá) comprenden un total de 162 días del año. En un año normal de 354 días (12 meses lunares, alternando 30 a 29 días) quedan 192 días, el valor de “’en todo’ ‘de todo’ ‘todo’” (בכל מכל כל, bacol, micol, col), las tres formas de “todo” que aparecen en referencia a los tres Patriarcas, de lo cual los sabios aprenden que probaron en este mundo el sabor de el Mundo Venidero, la suprema experiencia de “todo”, el lugar a donde nos dirigimos.

De la Nada

En hebreo, la pregunta “¿De dónde (soy/eres)?” (מאיןmeain) contiene la respuesta. “¿de dónde?” literalmente se lee como “de la nada”.
La primera aparición en la Torá de la pregunta “¿de dónde?” está en la historia de Iaakov en camino a Harán, a punto de encontrarse y enamorarse (a primera vista) con Rajel. (Tenía 77 años de edad en ese momento). Llegó a un pozo de agua y encontró allí a un grupo de pastores a quienes preguntó: “¿Hermanos míos, de dónde son?” Ellos contestaron: “Somos de Harán”.
La conversación continúa: “Y él les dijo: ‘¿Conocen a Labán hijo de Najor?’, y le respondieron: ‘Si, le conocemos.’ Y  les preguntó: ‘¿Se encuentra bien?’, Y dijeron: ‘Él está bien, y he aquí a Rajel, su hija, que viene con las ovejas.”
Cuando un tzadik le hace a alguien una pregunta, se plantea a sí mismo la misma pregunta simultáneamente. Cuando Iaakov le preguntó a los pastores “¿De dónde son?” se hizo la misma pregunta “¿De dónde soy?”. Esto es aludido por el hecho de que precedió a su pregunta con la palabra “Hermanos míos”, conectándose  de este modo con el alma-raíz de ellos (en hebreo “hermano” significa “cosidos juntos”). Iaakov venía de Israel (en aquel tiempo, la tierra de Canaán). El origen espiritual de Israel (tanto de las almas de Israel como de la Tierra de Israel) es la Nada Divina (tal como el Baal Shem Tov interpreta el dictamen de los sabios, que “la nada es la raíz espiritual de Israel”). Los pastores, por el contrario, venían de Harán, que en hebreo significa un lugar de la ira (lo opuesto de sentirse nada).
En respuesta de los pastores a su pregunta, Iaakov oyó la respuesta a la pregunta que se hizo a sí mismo: ellos son de la ira y yo soy de la nada. Esta fue la preparación necesaria para que encontrara su alma gemela, Rajel. Ambos provenían de una fuente común: la nada Divina (el origen de todas las almas judías).
Tan pronto como oyó a los pastores decir: “Rajel su hija viene con las ovejas” (esta es la primera vez que se menciona en la Torá el nombre de Rajel) supo que ella era su alma gemela predestinada (beshert, en idish). Escuchó a la Providencia Divina hablando a través de esas palabras. El valor promedio de las cinco palabras (en hebreo): “Rajel su hija viene con las ovejas” (רחל בתו באה עם הצאןRajel bitó va im hazón) es 182 (7 veces 26, el Nombre esencial de Dios Havaiá), que equivale a Iaakov (יעקב). Al oír estas palabras, Iaakov intuyó que él y Rajel y las ovejas son uno –en Cabalá aprendemos que todas las almas de Israel estaban presentes en las ovejas. La combinación de Iaakov (182, יעקב), Rajel (238, רחל) y las ovejas (141, צאן) suman 561 = “Hermanos míos, de dónde son?” (אחי מאין אתםajim meain atem?).

La Evolución del Dónde

Hay tres formas de la pregunta “¿dónde?” en hebreo bíblico. Aparecen en la Torá en un orden evolutivo, tanto gramática como numéricamente.
La primera forma, “i” (אי), comprende sólo dos letras (es posiblemente la sílaba más simple del lenguaje hebreo) y aparece por primera vez en la pregunta que planteamos antes, “¿Dónde está Abel tu hermano?” (אי הבל אחיךi hevel ajija?). Previamente, Dios le había preguntado a Adam “¿Dónde estás?” (איכה, aieca), una palabra que une “dónde” (אי, i) con “[estás] tú” (כה, co).
La segunda forma, eié, (איה) comprende tres letras (las dos letras originales y una hei adicional) y aparece por primera vez en la pregunta que los ángeles (que aparecen como invitados) le hacen a Abraham (antes de bendecirlo con un hijo). “¿Dónde está Sara tu esposa?” (איה שרה אשתך, eié Sará ishtejá).
La tercera forma, eifo (איפה [notar que la variante איפא no significa “dónde” en el sentido normal de la palabra, ver comentaristas]) comprende cuatro letras (agregando una pei antes de la última letra de la forma anterior y que significa literalmente “donde-aquí?” y aparece por primera vez en la pregunta que Iosef le hace al hombre (que en realidad era un ángel, de acuerdo con los sabios), “[Estoy buscando a mis hermanos, dime por favor] dónde están pastoreando sus ovejas?” (איפה הם רעים, eifo hem reim?).
La lógica detrás de la evolución conceptual de estas tres formas de la pregunta “¿dónde?” es que a medida que las formas progresan, el lugar que se busca se vuelve más y más tangible, definido e identificable (las tres formas se refieren al concepto “lugar” desde la perspectiva de los tres mundos descendentes Creación, Formación y Acción)
  • Cuando Dios la pregunta a Adam “¿Dónde estás?” Estaba aludiendo principalmente a la condición espiritual de Adam, no a su ubicación física. De manera similar, cuando Dios le pregunta a Cain “¿Dónde está Abel tu hermano?”, se refiere a en qué mundo está, está muerto o vivo? Esta es una pregunta “cuántica”, como el enigma del gato de Schrödinger (una pregunta pertinente al Mundo de la Creación, como se explica en otro lado).
  • Los ángeles sabían que Sará estaba “en la tienda”, y su pregunta era simplemente para despertar el amor de Abraham por su modesta y justa esposa, como explican los sabios (una pregunta pertinente al Mundo de la Formación, el mundo de las emociones).
  • Iosef fue enviado por su padre a ubicar físicamente a sus hermanos y traerle noticias acerca de su bienestar (una pregunta pertinente al Mundo de la Acción)
Irónicamente, Iosef estaba buscando el amor de sus hermanos mientras que ellos estaban planeando matarlo, como Caín mató a su hermano Abel. Después de haber perpetrado su pecado Dios le preguntó a Caín “¿Dónde está Abel tu hermano?”. Aquí, Iosef estaba tratando de prevenir (en un plano espiritual, por medio como de telepatía) que sus hermanos lo maten (en el Mundo de la Acción) preguntando primero, por amor (la emoción primaria del Mundo de Formación), “estoy buscando a mis hermanos, ¿dónde están pastoreando sus rebaños? (un pastor alimenta a sus rebaños por amor a ellos, y así Iosef imaginó que sus hermanos estaban en una atmósfera amorosa que podría reflejarse hacia él).
La suma de los valores numéricos de estas tres formas de “¿dónde?” (11, 16 y 96, respectivamente) es 123, el valor de las dos primeras preguntas realizadas por Dios al ser humano: “¿Dónde estás?” (36) y “¿Dónde está Abel tu hermano?” (87). Los tres valores también comienzan una serie cuadrática cuya base es igual a “¿por qué?” (למה, lama). Las tres formas derivan de la primera (אי) cuyas dos letras junto a las tres letras de “¿por qué?” (למה, lama) permutan para formar el Nombre de Dios Elokim (א-להים), el Nombre con el cual Dios creó el mundo. Él le pregunta al mundo “¿dónde?” y el mundo le pregunta a Él “¿por qué?”

martes, 31 de mayo de 2011

ERES el Guardián de tu Hermano

Después que Caín asesinó a Abel Dios le preguntó: “¿Dónde está Abel tu hermano?” Él le contestó: “No lo sé, acaso soy el guardián de mi hermano?”
Dios respondió: “¿Qué has hecho?” La voz de la sangre de tu hermano clama a Mí desde la tierra…”
La primera pregunta que Dios plantea a Caín luego de su pecado fue “¿dónde…?”, la misma pregunta que planteó a Adam después de su pecado. La segunda pregunta que planteó fue “¿qué?”
Saber lo que has hecho es una consecuencia, un derivado de conocer dónde están tú y tu hermano.
La verdad es que se pretende de cada uno de nosotros que seamos el guardián de nuestro hermano. Somos responsables uno del otro, porque somos parte del otro, nuestras almas están conectadas. Así como uno debe preguntarse “¿Dónde estoy?” también debe preguntarse “¿Dónde está mi hermano?”
El pecado es desubicar la realidad, desplazar las almas. Y por eso, después de pecar Dios le pregunta “¿dónde?”. Dicen los sabios: “¿Quién es sabio? Aquel que reconoce su lugar”. El hombre sabio reconoce su lugar y se mantiene en su lugar propio, el lugar que Dios deseó para él en la creación.
Al Baal Shem Tov no le gustaba mover las cosas sin una buena razón. Dicen los sabios: “No hay ninguna cosa que no tenga su lugar”. Cada cosa, no sólo cada persona, tiene su lugar apropiado en la creación.
Estar en tu lugar es no estar estático. Justamente lo opuesto: sólo cuando reconoces y estás en tu lugar puedes ser dinámico, estar siempre en movimiento. Primero tienes que estar asentado, debe identificar tu base, permanecer arraigado a tu lugar, y entonces no importa cuán alto puedas ascender, permaneces conectado a tu lugar.
Esto parece ser una paradoja. Para entenderlo volvamos a Génesis. En el principio (del tiempo, justamente la primera creación) Dios creó dos lugares, un lugar espiritual superior y un físico inferior, los cielos y la tierra. El alma del hombre proviene del cielo y su cuerpo de la tierra. Su alma desciende desde lo alto y entre a su cuerpo terrenal. Pero la raíz de su alma permanece arriba y conectada con el alma en el cuerpo.
Conocer nuestro sitio en la creación (ser sabio) es saber que estamos en dos lugares simultáneamente. A pesar de que nuestros cuerpos están abajo, nuestras almas son los cielos y allí es donde todas las almas están unidas. Saber esto es saber que (aquí, en la tierra) son el guardián de mi hermano. Asumir responsabilidad por mi hermano, en su lugar aquí abajo (“¿Dónde está Abel tu hermano?”), me da el poder de moverme libremente en todas direcciones, arriba (hacia el cielo) y abajo (hacia la tierra) y las cuatro direcciones terrenales.

“Este es Él”: El Exterior y el Interior del Rey David

La descripción del Rey David, “colorado con ojos hermosos” (“אַדְמוֹנִי עִם יְפֵה עֵינַיִם”, Admoní im iafé einaim) equivale a “reinado” (maljut, 496, מלכות). Eso es lo que se necesita para ser un rey y gobernar el reinado.
El verso completo “Y envió y se lo trajeron, y era colorado con hermosos ojos y bien parecido, y dijo Dios: Levántate y úngelo porque este es él” (“וַיִּשְׁלַח וַיְבִיאֵהוּ וְהוּא אַדְמוֹנִי עִם יְפֵה עֵינַיִם וְטוֹב רֹאִי וַיֹּאמֶר י-הוה קוּם מְשָׁחֵהוּ כִּי זֶה הוּא”, Vaishlaj vaiaviehu vehu admoní im iafé einaim vetov roí, vaiomer Havaiá: cum meshajehu ki ze hu) suma 4 veces reinado, 4 veces “colorado con ojos hermosos” (correspondiente, en Cabalá, a la manifestación de la sefirá de reinado en cada uno de los cuatro mundos, Emanación, Creación, Formación y Acción).
Otra indicación de que la frase “colorado con ojos hermosos” es el núcleo central de todo el verso es que el verso contiene 16 palabras mientras que la frase “colorado con ojos hermosos” contiene 16 letras. 16 = 42. La frase “colorado con ojos hermosos” contiene 4 palabras (22, la raíz de 16). Estos son ejemplos notables de autoreferencia.
El “sello” del verso es “porque este es él” (כי זה הוא, ki zé hu). Éste (זה, ze) = él (הוא, hu). Explican los comentaristas que esto significa que la apariencia revelada de David, su manifestación en Este Mundo (“este”) refleja exactamente su esencia oculta, su manifestación en el Mundo por Venir (“él”). Por cierto, “este es él” (זה הוא, ze hu) suma “David”, tal como su nombre aparece a menudo en la Biblia: דויד. Lo rojo de David deriva de su “este” mientras que sus hermosos ojos derivan de su “él”. Shmuel primero vio sólo su “este” pero no la inter-inclusión de su “él” con su “este”.
Previamente Dios había reprendido a Shmuel quien erróneamente pensó que el hermano mayor de David era el que debía ser ungido, diciendo “no mires su apariencia… porque Dios no ve como ven los hombres, porque el hombre mira la apariencia exterior, pero Dios mira en el corazón” (“אַל תַּבֵּט אֶל מַרְאֵהוּ… כִּי הָאָדָם יִרְאֶה לַעֵינַיִם וַה’ יִרְאֶה לַלֵּבָב”, “al tabet el marehu… ki adam ireé laeinaim vaHashem ireé lalevav”).
Pero Shmuel fue incapaz de internalizar completamente la corrección que Dios le hizo (demostrando así la misma afirmación de Dios acerca de la diferencia entre Él y el hombre). Y una vez más erró en su primera impresión de David; sólo vio su “este” pero no su “él”.
“Colorado con hermosos ojos [= reinado] y bien parecido” (אדמוני עם יפה עינים וטוב ראי, 730) junto con “este es él” (24) = 754 = 13 veces 58. Donde 13 = “uno” (אחד, ejad) y 58 = “gracias” (חן, jen), la belleza simétrica. En numeración pequeña, “gracia” es igual a “uno”. “Pero Dios mira en el corazón” (וַי-הוה יִרְאֶה לַלֵּבָב, vaHashem ireé lalevav) suma 312 = 13 (uno) veces 24, donde 24 = “este es él” (זה הוא) o David (דויד).
“Colorado con ojos hermosos y bien parecido” junto con “porque este es él” (כי זה הוא) suma 784 = 282 (28 = 2 veces 14, David, דוד).
Tomando las letras en forma alternada en la frase “Colorado con ojos hermosos” se divide “reinado”, 496 en 196, 142 (David al cuadrado) y 300, el triángulo de 24 (= “este es él)! El valor completo, 496, es en sí mismo el triángulo de 31 (El Nombre de Dios El, א-ל). Así llegamos a la expresión matemática: 142 más el triángulo de 24 = triángulo de 31, que se generaliza así:
(4n más 2)2 más triángulo (7n más 3) = triángulo (9n más 4)
Este, entonces es una expresión matemática “real”.

¿Dónde Estoy? El Secreto de la Conciencia Divina

Luego de su pecado Dios le preguntó a Adam ¿Dónde estás? ¿Acaso sabes a qué profundidad has caído?
Adam comió del fruto prohibido del Árbol del Conocimiento del Bien y el Mal. Fue tras el conocimiento (Dios quiere que seamos conocedores, no es verdad?) Y lo consiguió -el conocimiento de la profundidad a la cual ha caído al desobedecer la palabra de Dios.
La respuesta al interrogante “¿Dónde estoy?” tiene un lado objetivo y un lado subjetivo. Objetivamente, estoy aquí en este, el más bajo de los mundos, un mundo de falsedad, etc. Subjetivamente, yo soy responsable de haber ingresado a este estado psicológico del ser.
“¿Dónde estoy?” es el segundo de nuestros seis interrogantes existenciales. El anteúltimo es ¿Quién me puso aquí? Y la pregunta que hemos presentado fue: ¡Dios!
Así, por un lado (la mano derecha, por decirlo así) Dios me puso aquí, pero por el otro lado (la mano izquierda) yo soy responsable por haber hecho que llegue a este lugar. Desde el punto de vista objetivo Dios me puso aquí (nadie más tiene el poder de ponerme en todo lugar), pero desde el punto de vista subjetivo yo he pecado y por eso caí en este estado psicológico alienado.
Como dijimos, la pregunta “¿Dónde estoy?” y su respuesta “es este el más bajo de los mundos” es el interrogante del reinado (maljut), la más baja de las sefirot Divinas, de la que está dicho: “Su pie desciende hasta la muerte”. En hebreo, “pie” significa “hábitos”. Pecar no es más que caer en malos hábitos. Y mira a dónde nos lleva (con sus/nuestros pies)!
“¿Quién me puso aquí?” es la pregunta de la corona (keter), la más elevada de las sefirot Divinas, el origen supra conciente de la fe, el placer y la voluntad. “El final está incrustado en el comienzo y el comienzo en el final”. Si caes, cuanto más alto estabas más bajo caes.
Dios le preguntó a Adam “¿Dónde estás?” (איכה, aieka). Elevando al cuadrado cada una de las cuatro letras de esta palabra (12+102+202+52) da 526 = 526, “conciencia”. Eso fue lo que quiso Adam y eso recibió. El producto de las cuatro letras (1x10x20x5) es 1000, aludiendo a las 1000 luces que fueron dadas a Moshé en el Sinaí, la conciencia Divina perfecta y rectificada. La rectificación del pecado de Adam se produce adquiriendo el conocimiento de la Torá, que está en sí mismo inherente en el pecado, la búsqueda del conocimiento.

miércoles, 25 de mayo de 2011

El Colorado Rey David

El Rey David hizo la pregunta “¿Quién soy yo? La Biblia lo describe como “rojizo con hermosos ojos y bien parecido”.

Cada uno de nosotros tenemos un alma-raíz. Al fin de cuentas todos descendemos de Adam, y como tales cada uno estamos enraizados en uno de sus miembros (espirituales). El alma de Adam es el origen de la línea media del Árbol de la Vida. Sus primeros dos hijos, Caín y Hevel, representan las dos ramificaciones primarias de su alma, la rama izquierda y la derecha, respectivamente. Más adelante en la historia, los dos mellizos Eisav (de la raíz de Caín) y Iaacov (de la raíz de Hevel), corresponden a las almas arquetípicas de la izquierda y la derecha.
La palabra “colorado” (אדמוני, admoní) o rojizo aparece sólo dos veces en la Biblia, primero describiendo el nacimiento de Esav (El primero salió rojizo”; luego llamado Edom, “el rojo”) y posteriormente describiendo a David, en su primera aparición en la narración bíblica cuando su unción por el profeta Shmuel.
Cuentan los sabios que cuando Shmuel vio por primera vez al joven rojizo que estaban trayendo ante él, hizo un respingo por el temor que le produjo su semejanza con Eisav, un derramador de sangre. Pero Dios le dijo, que a pesar de que es rojizo sólo derramaría sangre en guerras para proteger al Pueblo Judío y santificar el Nombre de Dios –por cierto es colorado (porque un rey debe poseer una afinidad al rojo, el color del poder, encarnado por la sangre) pero con (no y, como sugiere la sintaxis normal de la frase) ojos hermosos, es decir, con un sentido del juicio hermoso y correcto por la Torá (basado en las enseñanzas del Sanhedrín, la Corte Suprema de Israel, los “ojos” de la congregación).
La guematria de “rojizo” (אדמוני, admoní) es igual a la pregunta “¿Quién soy? (111, מי אני, mi aní). También, las 3 primeras letras de la palabra (su raíz gramatical) son Adam, ארם, el primer hombre y el alma-raíz general de la humanidad. En Cabalá, las tres letras de Adam son las iniciales de Adam David Mashíaj.
David comprendió que era colorado y se preguntó a sí mismo “¿Quién soy?” ¡¿Yo soy (de) Eisav, Dios lo prohíba?! La historia de su vida es la respuesta a esta pregunta. Dios te envió al mundo para rectificar y elevar la chispa Divina atrapada en el alma raíz de Eisav. Pero de comienzo hay una enorme diferencia esencial entre él y tú. Él “vive por la espada”. Él disfruta matando. Pero tú no! Tú utilizas tu atributo innato de poder (tu rubicundez innata) sólo para hacer justicia y traer la paz. Anhelas ese día en que las espadas serán batidas en arados. Eres la amalgama perfecta (el centro: “… y bien parecido”) de la izquierda (“rojizo”) y derecha (“…con hermosos ojos”). Ese eres tú.

Seis Cosas que Aclarar

Hay seis cosas que uno debe aclarar: ¿Quién soy? ¿Dónde estoy? ¿De dónde vengo? ¿A dónde estoy yendo? ¿Quién me puso aquí? ¿Para qué?
Las seis letras de la primera palabra de la Torá, “En el principio” (בראשית, Bereshit), se dividen en dos palabras de tres letras cada una, “Creó seis” (ברא, bará, “creó”, y שית, shit, “seis” [en arameo]). La raíz “crear” en hebreo (ברא, bará) significa también “aclarar”.
Entonces, la primera palabra de la Torá, su primera instrucción al hombre (Torá significa instrucción, cada uno de sus palabras es una instrucción para nosotros), puede ser leída como “Clarifica seis” (esta primera palabra de seis letras puede ser leída como “clarificó” en tiempo pasado o simplemente “clarifica”, en imperativo). Este es el “En el principio” de nuestro servicio Divino. Lo primero que debemos hacer, para servir de la mejor manera a nuestro Creador y ser productivos en la vida, es aclarar los seis interrogantes fundamentales que formulamos aquí arriba.
El proceso completo de clarificación toma toda una vida, pero las ideas centrales, las respuestas concretas a las seis preguntas pueden ser respondidas en pocas palabras:
¿Quién soy? Si eres judío, la respuesta es “yo soy un judío”. Judío es quien pertenece al pueblo elegido por Dios, elegido para traer la luz al mundo. Si no eres judío, la respuesta es “Soy un ser humano inteligente”. Todos los seres humanos son creados y se les da la inteligencia necesaria para hacer su parte en la rectificación de la realidad. Al definir la función del judío y del no judío en el orden del mundo ya comenzamos a tratar la última pregunta ¿por qué? Es evidente que la respuesta dada aquí es genérica. Lo que toma toda una vida es contestar el interrogante individual para cada individuo (y lo mismo es con respecto a los siguientes interrogantes).
¿Dónde estoy? En el más bajo de los mundos creados, el mundo llamado “el mundo del engaño”, un mundo ciego a la realidad Divina, lleno de pecado y corrupción, alejado de Dios.
¿De dónde vengo? De la nada (la nada primordial, anterior a la creación)
¿A dónde estoy yendo? A todo (el Mundo por Venir)
¿Quién me puso aquí? El Creador, el Dios uno y único.
¿Para qué? Para que conozca y me una a Dios, cumpliendo Su voluntad, en este el más bajo de los mundos. Para que cree una morada para Él aquí abajo. ¿Pero por qué Él necesita que lo conozca y por qué necesita una morada aquí abajo? Sólo Dios lo sabe.
El estudiante astuto de Cabalá notará que cada uno de estas seis preguntas y respuestas nos habla acerca de una de las sefirot supremas en particular: ¿Quién soy?: fundamento (יסוד, iesod). ¿Dónde estoy?: reinado (מלכות, maljut). ¿De dónde vengo?: sabiduría (חכמה, jojmá). ¿A dónde estoy yendo?: entendimiento (בינה, biná). ¿Quién me puso aquí?: corona (כתר, keter). ¿Para qué?: conocimiento (דעת, daat).