Harav Yitzchak Ginsburgh

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miércoles, 18 de mayo de 2011

NUNCA ES DEMASIADO TARDE

Nunca darse por vencido. Nunca es demasiado tarde. Todo daño aparentemente irreversible es también reversible. Incluso cuando todo se acabó, todavía está acabado. La vida continúa.

Posiblemente será a través de la ingeniería genética mesiánica. Pero sea como sea, creemos que los muertos volverán a la vida.

En cuanto al orden actual de nuestro mundo, el Rebe Najman dijo que si crees que puedes dañarte (espiritualmente por pecar) también cree que puedes rectificarte (por medio de la teshuvá, retornando a Dios). Todo es en función de la fe. Nuestra fe original, relativamente superficial, en nuestra capacidad de causar daño espiritual (a nosotros y a los demás influenciados por nosotros) está balanceado y sobrepasado por la más profunda fe en que siempre es posible rectificar. En las palabras del Rebe anterior de Jabad, “no hay caso perdido”.

La fe original en nuestra capacidad de dañar deriva de la sefirá de hod (reconocimiento), representada en el cuerpo por el riñón izquierdo y la pierna izquierda. Nuestra fe mayor en nuestra capacidad de rectificar, sin importar qué, deriva de la sefirá de netzaj (triunfo y eternidad), representada por el riñón derecho y la pierna derecha. Estas dos sefirot siempre actúan en pareja, y están simbolizadas en Cabalá por los dos platillos de la balanza.

Si nuestra conciencia comienza desde el platillo izquierdo de la balanza, que representa la fe en nuestra capacidad de dañar, entonces primero debemos balancearla con la fe en nuestra capacidad de rectificar, y continuar profundizando nuestra conciencia en esta fe hasta que el peso incline la balanza hacia la derecha, hacia nuestro mérito eterno, superando (triunfando sobre) la izquierda inicial.

En este mundo todo es un desafío de fe. Pero en la era mesiánica la fe se volverá conocimiento, se volverá tangible. En este mundo, si el daño es físico e irreversible, como la pérdida de un miembro del cuerpo, Dios lo prohíba, entonces lo mejor es aceptar que es un decreto celestial (un tikún, rectificación, en el plano espiritual) y aprender cómo vivir y servir mejor a Dios con eso. Pero quizás muy pronto con los avances en la investigación de las células madre, se podrá reemplazar un órgano perdido (por cierto, esto ya está empezando a suceder).