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miércoles, 25 de mayo de 2011

El Colorado Rey David

El Rey David hizo la pregunta “¿Quién soy yo? La Biblia lo describe como “rojizo con hermosos ojos y bien parecido”.

Cada uno de nosotros tenemos un alma-raíz. Al fin de cuentas todos descendemos de Adam, y como tales cada uno estamos enraizados en uno de sus miembros (espirituales). El alma de Adam es el origen de la línea media del Árbol de la Vida. Sus primeros dos hijos, Caín y Hevel, representan las dos ramificaciones primarias de su alma, la rama izquierda y la derecha, respectivamente. Más adelante en la historia, los dos mellizos Eisav (de la raíz de Caín) y Iaacov (de la raíz de Hevel), corresponden a las almas arquetípicas de la izquierda y la derecha.
La palabra “colorado” (אדמוני, admoní) o rojizo aparece sólo dos veces en la Biblia, primero describiendo el nacimiento de Esav (El primero salió rojizo”; luego llamado Edom, “el rojo”) y posteriormente describiendo a David, en su primera aparición en la narración bíblica cuando su unción por el profeta Shmuel.
Cuentan los sabios que cuando Shmuel vio por primera vez al joven rojizo que estaban trayendo ante él, hizo un respingo por el temor que le produjo su semejanza con Eisav, un derramador de sangre. Pero Dios le dijo, que a pesar de que es rojizo sólo derramaría sangre en guerras para proteger al Pueblo Judío y santificar el Nombre de Dios –por cierto es colorado (porque un rey debe poseer una afinidad al rojo, el color del poder, encarnado por la sangre) pero con (no y, como sugiere la sintaxis normal de la frase) ojos hermosos, es decir, con un sentido del juicio hermoso y correcto por la Torá (basado en las enseñanzas del Sanhedrín, la Corte Suprema de Israel, los “ojos” de la congregación).
La guematria de “rojizo” (אדמוני, admoní) es igual a la pregunta “¿Quién soy? (111, מי אני, mi aní). También, las 3 primeras letras de la palabra (su raíz gramatical) son Adam, ארם, el primer hombre y el alma-raíz general de la humanidad. En Cabalá, las tres letras de Adam son las iniciales de Adam David Mashíaj.
David comprendió que era colorado y se preguntó a sí mismo “¿Quién soy?” ¡¿Yo soy (de) Eisav, Dios lo prohíba?! La historia de su vida es la respuesta a esta pregunta. Dios te envió al mundo para rectificar y elevar la chispa Divina atrapada en el alma raíz de Eisav. Pero de comienzo hay una enorme diferencia esencial entre él y tú. Él “vive por la espada”. Él disfruta matando. Pero tú no! Tú utilizas tu atributo innato de poder (tu rubicundez innata) sólo para hacer justicia y traer la paz. Anhelas ese día en que las espadas serán batidas en arados. Eres la amalgama perfecta (el centro: “… y bien parecido”) de la izquierda (“rojizo”) y derecha (“…con hermosos ojos”). Ese eres tú.

Seis Cosas que Aclarar

Hay seis cosas que uno debe aclarar: ¿Quién soy? ¿Dónde estoy? ¿De dónde vengo? ¿A dónde estoy yendo? ¿Quién me puso aquí? ¿Para qué?
Las seis letras de la primera palabra de la Torá, “En el principio” (בראשית, Bereshit), se dividen en dos palabras de tres letras cada una, “Creó seis” (ברא, bará, “creó”, y שית, shit, “seis” [en arameo]). La raíz “crear” en hebreo (ברא, bará) significa también “aclarar”.
Entonces, la primera palabra de la Torá, su primera instrucción al hombre (Torá significa instrucción, cada uno de sus palabras es una instrucción para nosotros), puede ser leída como “Clarifica seis” (esta primera palabra de seis letras puede ser leída como “clarificó” en tiempo pasado o simplemente “clarifica”, en imperativo). Este es el “En el principio” de nuestro servicio Divino. Lo primero que debemos hacer, para servir de la mejor manera a nuestro Creador y ser productivos en la vida, es aclarar los seis interrogantes fundamentales que formulamos aquí arriba.
El proceso completo de clarificación toma toda una vida, pero las ideas centrales, las respuestas concretas a las seis preguntas pueden ser respondidas en pocas palabras:
¿Quién soy? Si eres judío, la respuesta es “yo soy un judío”. Judío es quien pertenece al pueblo elegido por Dios, elegido para traer la luz al mundo. Si no eres judío, la respuesta es “Soy un ser humano inteligente”. Todos los seres humanos son creados y se les da la inteligencia necesaria para hacer su parte en la rectificación de la realidad. Al definir la función del judío y del no judío en el orden del mundo ya comenzamos a tratar la última pregunta ¿por qué? Es evidente que la respuesta dada aquí es genérica. Lo que toma toda una vida es contestar el interrogante individual para cada individuo (y lo mismo es con respecto a los siguientes interrogantes).
¿Dónde estoy? En el más bajo de los mundos creados, el mundo llamado “el mundo del engaño”, un mundo ciego a la realidad Divina, lleno de pecado y corrupción, alejado de Dios.
¿De dónde vengo? De la nada (la nada primordial, anterior a la creación)
¿A dónde estoy yendo? A todo (el Mundo por Venir)
¿Quién me puso aquí? El Creador, el Dios uno y único.
¿Para qué? Para que conozca y me una a Dios, cumpliendo Su voluntad, en este el más bajo de los mundos. Para que cree una morada para Él aquí abajo. ¿Pero por qué Él necesita que lo conozca y por qué necesita una morada aquí abajo? Sólo Dios lo sabe.
El estudiante astuto de Cabalá notará que cada uno de estas seis preguntas y respuestas nos habla acerca de una de las sefirot supremas en particular: ¿Quién soy?: fundamento (יסוד, iesod). ¿Dónde estoy?: reinado (מלכות, maljut). ¿De dónde vengo?: sabiduría (חכמה, jojmá). ¿A dónde estoy yendo?: entendimiento (בינה, biná). ¿Quién me puso aquí?: corona (כתר, keter). ¿Para qué?: conocimiento (דעת, daat).