Harav Yitzchak Ginsburgh

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lunes, 1 de agosto de 2011

¿Si No Puedes Verlo No está Allí?

Una importante regla talmúdica dice: “’No lo vimos’ no prueba [que no existe o que no sucedió]”.
En hebreo, “vista” (רְאִיָה, reiá) y “prueba” (רְאָיָה, reaiá) – ambos de la raíz “ver” (ראה) – se escriben igual pero se vocalizan de manera diferente.
Cuando dos testigos calificados (casher) ven un evento y lo atestiguan en la corte, sirve como prueba suficiente de que el evento en verdad ocurrió. Pero como regla, si testifican “no vimos” –por ejemplo, que la vecina a quien vemos a diario se casó– no sirve como prueba de que no ocurrió.
La razón detrás de esta regla es que no todo lo que existe y sucede (incluso a nivel macroscópico) es legible y necesariamente visible para el ojo humano. Tal vez la chica se casó, pero en privado, en secreto.
La extensión de esta regla nos enseña que existe un mundo oculto (עלמא דאתכסיא, alma ditkasia) detrás del mundo revelado (עלמא דאתגליא, alma ditgalia) en el que vivimos y que vemos.
Por lo tanto podemos concluir que la vista y la prueba son iguales sólo en una dirección: Ver algo es una prueba de su existencia, pero no verlo no es una prueba de su inexistencia.
Pero uno puede argumentar que esto no es muy satisfactorio. Si las dos palabras son la misma en hebreo, el lenguaje de la creación, consecuentemente, en algún plano la vista debe ser una condición necesaria (es decir, un antecedente cuya negación supone la negación de la consecuencia) como prueba de la existencia. En otras palabras, en ese plano, si no ves algo es una prueba de que no existe!
Este es por cierto el ideal del futuro, el nivel de la visión (de todo) que alcanzaremos en el tercer Templo eterno, donde llegaremos a ver y seremos vistos por Dios (que es uno y todo). Acercarse a este ideal –reconstruir en nuestra conciencia del Templo Sagrado– es el servicio espiritual del mes de Tamuz, el mes asociado en Cabalá con el sentido de la vista.